EL BAR Y LAS BOMBAS
Cuando nace la noche de un sábado, se crea un clima único, misterioso y romántico sobre la ciudad. Y así como los domingos al anochecer es común que nos gane una cierta nostalgia, combinado con una preocupación por el retorno a la vorágine de la semana, sumado a que en algún lugar de nuestro inconsciente se nos aparece la idea de la muerte, con los sábados al anochecer pasa lo inverso, flota sobre nuestro espirito un aire de nacimiento, de alegría y entusiasmo. Dante a los 10 años ya sentía algo especial por esas nochecitas de sábado. La tarde la había pasado en el parque, la pelota en el potrero, y luego la merienda, el baño, vestirse bien, sin saber y sin quererlo, porque a esa edad para los chicos del barrio la única indumentaria importante eran los pantaloncitos cortos, los botines y la camiseta de su equipo, esas camisetas de tela gruesa, resistente a todo tipo de tironeo; con los colores bien intensos; ya Dante sabia que esa banda roja, bi...