EL CANTANTE
-¿Puede ser que suenen tan desafinados? -Solia quejarse el Director
Técnico de Deportivo Sur, el equipo que llevaba su nombre, ya que la sede
estaba unos metros antes del Puente Alsina. Su equipo jugaba en la primera C,
pero como su presidente tenia conexiones con varios países de Latinoamérica,
debido a que en otras épocas traficaba limones a los países de Paraguay,
Bolivia y Uruguay, siempre lo invitaban a jugar a algún certamen internacional
con equipos de las divisiones inferiores de esos países.
El tema es que como se trataba de torneos internacionales,
antes del comienzo de cada partido, como era costumbre en esos tipos de
torneos, se entonaban los himnos de los países que se confrontaban.
-Pancho no se preocupe, -le decían los dirigentes del club-
que estaban mas preocupados por la cosecha de limones, ya una banda de detractores del limón, pensaban que la vida era demasiada agria y les boicoteaban
las plantaciones- los muchachos juegan bien y dejan todo por el equipo, mire si
se va a hacer mala sangre porque desentonan cuando cantan el himno-
-como no me voy a preocupar- gritaba Pancho- estamos
representando al país, nos escuchan todos y algunos se ríen, mientras otros
optan por taparse los oídos, además, ni siquiera cantan bajito, se creen que
son mas argentinos porque cantan mas fuerte, no se puede ser tan intenso
durante toda la canción, tienen que mantener el nivel y subir y bajar los tonos como corresponde, es nuestro himno, nos podríamos preparar un poco mas, esto
así no puede seguir.
Los dirigentes se miraban entre si, y nadie decía nada debido a que le tenían un gran respeto a Pancho, que que venia trabajando desde las divisiones inferiores. Lo de Pancho era un tema que venia de su infancia, vivía en un pueblo perdido de La Pampa, fue a la única escuela de ese lugar, una escuelita que carecía de todo, pero el coro de la escuela era lo mejor que tenia el pueblo; y el era su estrella. Los domingos hacían festivales en donde iban todas las familias y hasta gente de los pueblos cercanos, a escuchar las canciones. Cuando algún compañero desafinaba, Pancho le dejaba de hablar por una semana. A los 10 años le empezó a gustar la hija del gerente del Banco del pueblo. Una chica de pelo castaño claro y muy largo, ojos y boca grande y de las mas bonitas del pueblo. Durante tres años, y en silencio, estuvo enamorado de ella. En el aniversario del pueblo se hizo un festival en donde Panchito cantó algunas zambas románticas y la gente lo aplaudió de pie; Carito, la hija del banquero lo felicitó después de su actuación y lo invitó a comer a su casa esa misma noche, con el permiso de su padre, también estaban invitados los padres de Panchito.
Pero Carito tenía un solo defecto para Pancho; su voz….El la escuchaba y sentía dolor de oídos, no podía apreciar su belleza; trataba de hablar siempre él para no escuchar tanto su voz.
Un día, la pareja hizo un
picnic al lado del lago y Carito le pidió que le cante su canción preferida;
para sorpresa de el, ella se sumo a cantar el estribillo; a Pancho le pareció
como que se estaba por descomponer, su estómago empezó a darle puntadas, no
sabia que hacer y fingió un ataque de tos para que se interrumpiera la canción
y sus oídos no tuvieran que seguir sintiendo esa voz tan desafinada.
Paso el tiempo, no sabemos que paso con esa pareja, pero si
que cada vez se vieron menos. Ella se fue a la ciudad y siguió siendo una
hermosa mujer, y el se dejo el canto y empezó a jugar en el equipo del pueblo,
cuando sus piernas ya no le respondían empezó a dirigir las divisiones
inferiores hasta convertirse en el técnico cantante, como lo llamaban todos.
Las cosas comenzaron a ponerse interesante para él, cuando
en una de las prácticas apareció un muchacho de unos 20 años, que pocos
conocían en el pueblo. Siempre iba a a ver al equipo en todas sus
presentaciones y como además le gustaba jugar a la pelota decidió irse a
probar. Se apareció en el entrenamiento, hablo con Pancho, y este le dijo
pregunto en que posición jugaba:
-en donde me pongan y donde haga falta- contestó Artemio,
con voz suave y tímidamente- cosa que a Pancho le produjo una doble sensación.
Por un lado pensó que si ni siquiera sabia de que jugaba no era un buen
auspicio, pero por otro lado valoró su actitud colaborativa, pero sobre todo le
llamo la atención el tono de su voz, algo diferente al que estaba acostumbrado
a escuchar a sus dirigidos.
La cuestión es que lo vio tan entusiasmado que le dijo que
se cambie ya que ahora empezaba la práctica. En menos de de cinco minutos ya
estaba con toda su ropa deportiva, con unos botines relucientes, que todavía no
habían pateado ni siquiera alguna piedrita en el piso y con ganas de demostrar
al técnico sus cualidades. Se juntó con sus compañeros, que ni lo registraron
ya que estaban abocados a burlarse del petiso del equipo, ya que la noche
anterior había vuelto borracho a la casa, y llegó sin su llave, ya que tenia la
costumbre de revolearla hacia arriba mientras caminaba, solo que ayer se le
había quedado colgada de una rama y debido a su corta estatura nunca
llego a recuperarla, con la consecuencia de tener que pedirle a su mujer, que
ya estaba durmiendo que le abra la puerta, y al verlo en esas condiciones, a la
mañana le volvió a poner toda su ropa en un bolso grande y a decirle por quinta
vez que no vuelva mas.
Empezaron a trotar, luego se armaron dos equipos y comenzó
el picadito. La primer media hora Artemio no la tocó. Un poco porque sus
compañeros seguían sin registrarlo y otro tanto porque su característica
principal era el mal manejo del tiempo, llegaba siempre tarde a todas las jugadas,
no entendía para nada el juego, nunca sabia bien donde ubicarse, a quien
marcar, ni a hacerse ver para que le pasen la pelota. Era muy malo jugando,
Pancho se dio cuenta a los cinco minutos cuando la pelota le paso a cinco
centímetro de su pie y Artemio dudo tanto sobre si pararla con la izquierda o
la derecha que la pelota siguió su camino como si él no existiera.
Una vez terminada la práctica, Artemio se fue al vestuario, no hablo con
nadie, un poco por timidez y otro tanto porque sabia que su desempeño había
sido flojo, y que seguramente no habría de pasar la prueba. Pancho ya sabía lo
que le tenia que decir, lo de siempre, “pareces un buen muchacho, pero no todos
llegan, seguí jugando si te gusta, pero las ligas son muy competitivas, para
que complicarte, juga con tus amigos, disfruta, seguramente tu potencial lo
tenés en algún otro rubro”. Sabía de memoria ese discurso, es el mismo que le
decía a todos los que se probaban y no quedaban.
El vestuario ya estaba quedando vacío, algunos ni se
bañaban, por ejemplo el arquero suplente, que como trabajaba de recolector de
basura después de las prácticas, consideraba que no tenia sentido pasar por el
agua y el jabón si en un rato iba a estar atestado de olor nauseabundo y en
contacto con los desechos de todo el pueblo, de paso se justificaba diciendo
que le hacia un bien a las generaciones futuras ya que el agua era un bien
escaso. Pancho era el último en irse, antes pasaba por el vestuario para ver
que todo estaba bien y verificar que nadie se olvide nada, ya que una media
perdida, podía ser motivo de un debate y hasta de la intervención del
presidente del club durante un par de días. Era un pueblo en que pasaban pocas
cosas…..
Escucho que una ducha seguía prendida y cuándo se acercaba a
cerrar la canilla, mientras pensaba que así como el arquero-basurero se
esmeraba en ahorrar agua había algún otro desconsiderado que se olvidaba de
cerrar bien la ducha, pensó en el 9, el goleador egoísta que nunca se la pasaba
a nadie y solo le importaba marcar; asi como una se comporta en el juego
también lo hace en la vida cotidiana….Pero esta vez no fue así, enseguida
comenzó a escuchar un canto armonioso y entonado, algo que no escuchaba
desde sus épocas de cantante. Era una zamba, la voz dulce y a la vez potente,
llegaba bien a las notas altas y no le erraba a ninguna. Se sentó a escuchar en
el banco largo de madera. Esperó, y mientras tanto pensó en Artemio, y no se
equivocó, al instante se cerró la ducha y lo vio salir envuelto en toalla.
Pancho no sabia que decirle, luego de unos segundos, miró
para otro lado (para evitar el momento en que Artemio se quite la toalla) y le
dijo simplemente:
-Cantas bien, te dedicas a eso?
-No –contesto- en la ducha, a veces cuando me levanto si
estoy de buen humor.
Pancho se quedó un instante pensativo y luego con voz mas
fuerte y decidida le dijo:
-Bueno, mañana arrancamos a la misma hora, hoy fue tu primer
día y quizás estabas algo tenso, tenés que estar atento a tu posición en la cancha,
y saber cuándo es el momento en el que te podes soltar sin quedar mal parado.
Artemio no pudo evitar la sonrisa, le agradeció y se fue con
la sorprendente noticia de haber pasado la prueba.
Al otro día Pancho, estaba ansioso, apenas llegaron los jugadores
los hizo formar, como para cantar el himno antes de un partido, los
jugadores se miraban sorprendidos entre ellos, algunas se querían reir, pero
temían que Pancho los viera, y se aguantaban.
-Canten el himno bien bajito, todos bien bajito, tratando de afinar lo mas puedan; vos Artemio canta mas fuerte, tiene que sobresalir tu voz.
Cantaron, Pancho los escuchaba pensativo;
cuándo terminaron, les dijo que estaba bien, que se pongan a trotar y empiecen la práctica.
Así fueron todas las prácticas, antes del partido que iban a
jugar a Bolivia, Pancho ya casi no les decía nada de táctica o estrategia, pero
siempre les hacia sugerencia a los jugadores sobre como entonaban.
Llegó el partido en La Paz, se formaron los dos equipos para
cantar los himnos, cantaron y salió mejor que nunca. Hacia mucho tiempo que
Pancho no sonreía. A los 15 minutos del partido, Pancho lo sacó a Artemio y así fue durante todo el tiempo que este estuvo en el club. Solo lo ponía de titular
los días que había que cantar el himno, para que participe de la formación, y lo sacaba al ratito. Ese día en
Bolivia habían perdido 6 a 0. Uno de los colaboradores, cuándo terminó el
partido le dijo a Pancho:
-Nos mato la altura….no podían ni correr.
-Si –le contesto Pancho- puede ser la altura, quizás la
próxima haya que cantar en un tono mas bajo. Igual van mejorando.
Excelente cuento
ResponderEliminarimpecable , con un simbolismo excepcional
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