MARIMACHO

 

Eramos eran los dueños del parque; lo considerabamos un derecho legítimo porque vivíamos enfrente y porque conocíamos mas cada metro cuadrado de pasto, que los mosaicos de nuestra propias casas. Disponiamos de todo el perímetro para improvisar las canchas, estas delimitadas por los árboles y faroles, que eran los palos de los arcos, y por los caminitos de piedritas rojas que delimitaban los márgenes laterales. Pero había un solo momento en el que uno de esos espacios no podían utilizar. Era lo que llamaban la cancha principal; unos 80 metros por 40; que estaban prácticamente en el medio del parque. Ese momento era los domingos a la mañana. Porque ahí se armaba el partido de los veteranos. Parecía un requisito indispensable para jugar esos partidos ser mayor de 30 años; y para nosotros, gente de esa edad era considerada próxima a la vejez;  les costaba creer como esos cuerpos de formas redondas, con patas de tero bien blancas, porque en la semana eran oficinistas, comerciantes, tacheros y solo se ponían los cortos para el partido del domingo, realizaban movimientos físicos, que no encajaban nunca en lo que se podría llamar futbol. Aunque el intento era precisamente simular un juego de esas características; con muy poca técnica pero con mucha pasión.

Todos los domingos; nos sentábamos atrás de uno de los arcos para presenciar, lo que para nosotros era el evento deportivo, en vivo, mas importante de nuetras vidas. No teníamos mas que doce años y eran muy pocas las veces que habíamos presenciado en  un estadio un partido profesional, por eso disfrutabamos mucho poder ver de cerca a mas de veinte tipos pasados en kilos y años intentando hacer algo parecido a lo que se llamamos futbol. Y no solo estabamos ahí para mirar; alguna que otra vez, sentaditos atrás del arco  se ecuchaba que algún “jugador” les diga las palabras mas lindas que recibieran de un adulto:

-“Pibe, entra por mi que no doy mas”

Entrábamos asustados si nos tocaba jugar, como un pichones recién salido del nido, seguíamos siendo espectadores, pero esta vez dentro de la cancha; no se acercaban dónde estaba la pelota en juego, más bien nuestros movimientos eran inversamente proporcionales al lugar donde se disputaba el balón. Nos mandaban arriba, “quédate arriba y molesta” era la típica  frase que recibíamos de sus compañeros adultos. Sabámos que lo mejor que podíamos hacer era pasar desapercibido; total lo importante era estar adentro; aunque no toquemos una pelota en todo el partido; porque ya habíamos entrado en la estadística, si fuera un partido profesional, en la síntesis del partido, estaría el dato de que a los tantos minutos del segundo tiempo entraba Martín, o Juan o cualquiera de los púberes aspirantes a veteranos domingueros.

Esta situación pudría ser comparable a la de un jugador recién llegado a primera, siendo citado para el seleccionado nacional y para jugar el Mundial. Claro, salvando las infinitas distancias. Pero ese momento era el mas soñado, jugar con los grandes; con el panadero del barrio, el gerente del banco, el mecánico al cual su padre le llevaba el auto a arreglar, el Rulo, que no trabajaba de nada, pero a pesar de su incipiente panza de cerveza era un crack, que podría haber llegado al primer equipo de Barracas de no ser porque desde los jueves al domingo se pasaba toda las noches en la cumbia de la avenida Saenz, y de lunes a Miércoles debía recuperarse de las terribles resacas del aquellas noches. Pero además de todos ellos; también podíamos darnos el gusto de jugar con "Mari"; la única mujer que partcipa de esos picados.

La vimos por primera vez un dia de verano por la mañana; estabamos disfrutando los prineros dias de las vacaciones verano; recién habían pasado las fistas de fin de año, y ninguno y todavía ninguno de los chicos de los chicos del barrio se habían ido de viaje con sus padres, por lo tanto, eran los mejores dias dias del año para disfrutar en el parque Uriburo; asistencia perfecta, solo teníamos que esperar al Cabezón, que todas las mañanas la madre lo mandaba a recargar el sifón recargable Drago, asi que mientras tanto peloteabamos usando de arco el portón de un viejo depósito que hacía años que no se habría. Entonces cuándo lo veíamos entrar a su casa a dejar el sifón ya dejábamos de jugar a los centros frente al portón y nos cruzábamos al parque. Nada de escuela, calor no tan extremo, ya que en aqullos años 80: todavía no se daban esas temperaturas tan altas propias de estos tiempos. Solo teníamos que cruzar la avenida Almafuerte para internarnos entre los hospitales Churruca y Pena y disfrutar de una mañana de enero bajo los áraboles y palmeras que nos daban un poco de sombra, y pisando aquellos terrenos irregulares y con el cesped siempre desparejo.

Se llamaba María; pero para todos esra Mari; esa primera vez que la vimos tuvimos que suspender el primer picado, ya no había posibilidad de concentación ni siquiera para nosotros, que cuándo rodaba la pelota nuestra mente solo estaba enfocada en las visicitudes del devenir del cotejo. No existían los malos pensamientos, las peleas de los padres, el mal desempeño en la escuela, los matones del  que siempre nos hacían sentir un poco de miedo, ni las chicas que ya nos estaban empezando a mover, literalmnete, las fibras mas íntimas de nuestros cuerpos.

LLego acompañada por el Turco; a él ya lo conocíamos, un muchacho de unos 25 años, pinta de buen jugador, tenía todos los gestos de crack, lo idolatrabamos un poco, al lado de los aadultos panzones y pataduras que solíamos ver, el Turco representaba un deportista de elit. Y ella nos deslumbró; de lejos era Maradoniana; pelo no muy largo pero enrulado; espalda ancha, dos gambas que nada tenían que envdiarle a ningún jufador de primera, vestida con un pantaloncito bien corto, típico de los años 80 que dejaban ver bién donde nacían esas terrible "patas de jamón",  arriba una campera deportiva de las que usaba la selección Nacional, de tele de avión, con el escudito de la Afa y todo, abajo las medias de futbol bajadas hasta las pantorrillas y unos botines de los buenos, pero bien gastados. Era como una figurita de esas que juntábamos con los jugadores de aquellas épocas. venía haciendo un trote, como precalentando. El Turco la guiaba; y cada tanto se pasaban una pelota Pinter. En un momento, Mari la paró, la levantó e improvisó un jueguito, algo simple, derscha, izquierda, la pelota que se levanta, dos veces con la rodilla, vuelve a bajar y una serie con los dos pies que duró aproximadamente unos 30 segundos. Su cabellerera enrulada vibraba al ritmo de ese ir y venir de la pelota, la cara no se depsegaba de sus pies, el Turco la admiraba, y nossotros nos quedamos sin decir nada; como sin un plato volador hubiera aterrizado en el cesped de Parque Patricios.

Mari fue entrando en calor, se sacó la campera y se dejó ver la remera de un equipo que no conocíamos; emepezaron despacito, a los toques. Tenía la calidad de los distintos; de las distintas; era derecha, movia todo el cuerpo, bien suelta, ni nos miraba, estaba en su mundo, eran ella, la pelota y el Turrco; a él si lo miraba, y con admiración.

Nosotros retomamos el juego, pero ya no era lo mismo, no nos podiamos concentrar, la imágen era muy fuerte. Una mujer, una linda mujer, que podría ser nuestra madre, o alguna hermana muy mayor, una tía piola, estaba ahí, en el parque, vestida de jugador, y jugando de maravillas. Eran épocas de machismo, nosotros ermos chicos y no podíamos escapar a los comentarios de los adultos acerca de las mujeres que desarrollaban cualquier otra actividad que no sea estar en sus casas ocupandose de la limpieza, del cuidado de los hijos y de de los quehaceres hogareños. El  mundo de afuera parecía que era exclusivo para los hombres.

La noticia empezó a circular; una mujer que juega al futbol; una mujer linda que juega bien al futbol, una mujer que nadie sabe de dónde salio apareció en el parque Uriburo y demostró una habilidad que se vió muy pocas veces sobre estos pagos. A la noche, se lo comentamos a nuestros padres, y los adultos del barrio ya empezaban a tejer conjeturas. "Es Torta", fue la primer conclusión que sentenció el tribunal del prejuicioso mundo adulto. Otros comentarios mas extremos decían que era una pervertida que con la excusa de la pelota iba al parque a buscar chicos jóvenes, o una viuda negra buscando hombres grandes para sacarles plata.

El domingo siguiente a su aparición, como todos los domingos por la mañana, se empezaron a juntar los veteranos para armar el gran partido previo a los ravioles o al asado. Como si fuera una misa celebrada en el cesped del barrio Patricio; se empezaban a congregar los fieles. Gordos, pelados, remgos, ebrios que volvían con la resaca de un sábado a la noche; maridos cuyo único momento feliz en sus vidas eran esas dos horas que duraba el picado; ya que durante la semana vivían agobiados por un jefe y una esposa que los maltarataban, tacheros que hacían un alto en su recorrido y siemnpre llevaban un bolso en el baúl con los pantoloncitos cortos y los botines, el carnicero, el verdulero y otros emprendedores que ese día dejaban a cargo a sus empleados para desplegar sus pocas habilidades en el campo de juego, algun internado que se escapa del hospital Pena, un par de linyeras que vivían en el parque, y algunos veinteañeros que jugaban bien y todavía estaban a salvo de todas esas miserias, pero que, seguramente muy pocos podrían escaparle.

Nosotros peloteabamos en ese sector del parque donde en poco tiempo íbamsos a ser desalojados por los grandes. Los "viejos" iban llegando"; el primero siempre era el rulo; seguramente, porque no había dormido, y luego de pasar por su casa y cambiarse se venia para el parque y se tiraba en pasto hasta la hora a dormitar un rato hasta la hora del partido; y mientras precalentaba contaba todas sus "hazañas"de la noche anterior en la bailanta; que muy pocos les creían. Otro temparenero era un tal Cacho; morocho, pelo corto y bigotitos; no se sabía mucho de esete personaje, él se jacataba de ser la mano derecha de un comisario, algunos decian que era el chofer; la mayoría, que era el alcahuete, y los mas osados, que hacía trabajos suscios propios de quellos años oscuros de la dictadura.

Mientras los grandes avanzaban sobre el terreno, y ya nos iban anticipando sus pocas destrezas, nosotros ibamos cediendo el especio y nos gustaba escuchar las conversaciones "adultas", aprendiendo palabras nuevas, que no estaban en el manual de lengua de la escuela, para incorporar a nuestro dialecto.:

- Pasala "cornudo", - le decía el rulo a Cacho, mientras hacía un trote ridículo llevando los talones a la cola, mas cercana a un payaso haciendo su show que a un atleta precalentando

- Miralo al "choborra", ¿te "escabiaste" todo ayer no; se te nota en la "buzarda", mejor sacate la remera del pantalón que parece que estas de 8 meses....

-Callate "culo roto"....con esta "zapan" no sabes como se me pegan todas las "borregas".

Mientas tanto seguímos atentmente la clase nuevos adjetivos calificativos y anatomía del cuerpo humano ; ya un poco mas retirados, porque también habían llegado José (el carnicero), que además de vender la carne mas dura del barrio hacía el honor a su professión cada vez que se tiraba a los pies de un contrario; Pepe, portero de edifico; que a pesar de su profesión nunca quería ir al arco, y algunos mas para ir completando cantidad necesaria para arrancar. 

A lo lejos veíamos llegar al Turco, y no venía solo; llegaba con Mari.

- ¿ese es el turco, trajo a la novia? mientras achicaba los ojos como para enfocar mejor preguntaba Cacho; que ya empezaba a inquietarlo su "instinto" misógeno.

- Si! -contestó el rulo con una sonrisa; que delataba su admiración por la ágil estrella de los picados- pero que yo sepa esa no es la novia; si el Turco esta casado y anda de lo mejor con la Silvia; la que lo acompaña es Mari, la revelación de Parque Patricios, dicen que anda bien con la pelota; juega mejor que mucho de los varones que vienen por aca; aunque para eso no hay que hacer demasiado mérito. Encima mirá como camina, tiene el andar de un profesional, y mirá esas gambas; bien formadas, debe entranar todos los dias la piba.

Cacho cambió la cara; no le gustaba lo que estaba viendo. Lo insultó al rulo porque seguía la escena con una sonrisa; no quería ser el único indignado con la situación. Buscó complicidad con José, el carneicero, con quién compartía cierta ideología retrógrada; siendo este calificativo en los años 80 sinónimo de pensamiento cavenícola.

- José; no me dejes solo en esta, si la piba quiere jugar nos ponemos firmes; una cosa es que jueguen los chicos; serán pendejos pero machitos; pero no vamos a poner a una mina adentro de la cancha....las muejeres no tienen nada que ver la pelota; si no entienden nada.  

- Por mi que que juegue -dijo José, el carnicero- eso si, para mi es un jugador mas; yo le voy igual que a todos, no creo que me pueda pasar, pero si es verdad que es habilidosa, la achuro como a la bondiola.

El ambiente se caldeaba; todos estaban expectantes. El Turco llegó saludó correctamente a todos; Cacho lo saludó cortante y sin mirarlo; Mari hizo un saludo tómido y general y empezó a hacer unos ejercicios de elongación; algo no habitual entre los participantes del partido; mas teniendo en cuenta que el mínimo desgaste y movimiento muscular de estos cuerpos cuasi rígidos, podría producir accidentes graves y fatiga irreversibl antes de comenzar el evento. Ya se habían completado dos equipos de 9 jugadores por lado; los chicos perdimos la esperanza de que se de un número impar y alguno de nosotros sea convocado para equiparar el cotejo; asi que nos fuimos atras de uno de lso arcos a seguir peloteando mientra mirabamos un poco como se iba diputando el juego; la atracción especial era Mari; era sudebut en el picado domiguero; y si bien sabiamos de su habilidad queriamos ver como iba a responder dentro del campo y ante un grupo heterogeneo de tipos que por primera vez iban a compartir el terreno de juego con una mujer.

El partido empezo como siempre cuándo Coco Valiente, el único que alguna vez jugó profesionalmente y en primera, revoléó la pelota bien alto; esa era la forma de empezar los partidos, con el puntapié inicial de alguien que si sabía del tema. No fué un partido mas; esta vez se podían ver algunas sutilezas, toques distintivos, alguna que otra jugada asociada y bien terminada, y todo eso se debía solo a una razón: la presencia de Mari en la cancha; con el turco hacían una pareja que cuándo se juntaban, dejaban mirando a los rivales, y uno de estos contrarios era Cacho, que se comió todos los amagues de Mari y hasta un caño que lo dejó en ridículo ante la mirada de todos, nosotros desde afuera dejamos nuestro partidito de tres contra tres para pegarnos atras del arco y no perdernon nada del espectáculo que nos estaba brindando la nueva novedosa estrella.

Muchos de estos partidos terminaron en forma violenta, y el de ese día tenía todos los motivos para que culmine de esa manera. Cacho estuvo a punto de acertarle un patadón a Mari; pero no se animó, todos nos pudimos dar cuenta que sacó la pierna justo un segundo antes; no se animó; pero si le pegó a todos los demás; se la dejaron pasar; todos entendieron su calentura; si alguno hubiera reaccionado la cosa habría terminado a las piñas. Al final ya pocos corrían, el hijo menor de José se acercó para gritarle al padre las indicaciones de su madre: - Papá! dice Mami que vengas a poner los ravioles que ya llegaron los abuelos!.- . José, perdió en un segundo esa imágen de carnicero feroz descuartizando una res con la cuchilla entre sus manos; y bajando la cabeza, recogio sus pertenencias y mirando de reojo y seriamente a su hijo se fue caminando sin decir palabra.

Al final todo se fue diluyendo; algunos jugadores fueron desapareciendo; otros, ya casi no partcipaban del partido; alguno de nosotros, los chicos, pudimos entrar a jugar; pero ya a nadie le interasaba el partido; Mari hizo alguna que otra buena jugada; el turco aprovecho el cansancio de la mayoria e hizo una seguidilla de goles que ya ni se festejaban; y así, poco a poco se fue yendo la mañana del domingo. A nosotros nos esperaba el almuerzo familiar, algunos se iban directo a la cancha porque le día estaba lindo y aprovechaban el sol de la tribuna y podían ver alguna futura promesa en los partidos de la tercera; en esa época; todos los partidos de primera empezaban a las 15:30 pero dos horas antes se jugaba la reserva. 

Durante la semana no nos veíamos mucho en el parque; hacía dos meses que habían empezado las clases; y la jornda completa de escuela pública no nos daba respiro; solo un ratito, quizas jueves o viernes, nos encontrábamos un rato en la vereda la la calle almafuerte para ir pensando planes para el finde; cambiar algunas figuritas o hablar un poco del mundial de España 82; que se venía en unos meses. Ademas oscurecía temprano; en uno de esos breves encuentros en la semana psoterior al partido del domingo se comentaba que Cacho se había quedado muy caliente; uno de los pibes, Sergio,  vivía justo en una casa de esas viejas tipo chorizo; pegado a la casa del Rulo; y estaba sentado en el umbral de la casa cuándo pasá Cacho con el taxi y le tocó el timbre al Rulo para que salga. Se volvió a subir al auto, pero dejó la pueta abierta mientra se fumaba un cigarrillo, el Rulo salió en ojotas, pantalón corto y una remera augereada, a pesar que hacia ya hacía frió invernal; se paró al lado de Cacho y se pusieron a hablar. Sergio, simulaba mirar sus figuritas del mundial, pero les prestaba atención, pero intuía que Cacho venía a decirle algo importante, y así pudo escuchar todo:

-Es un chabón!- soltó Cacho apenas se acercó el Rulo- vos sabes que el domingo me quedé mal, me cayeron mal las pastas de mi vieja, y ni siquiera pude dormir la siesta, es mas, me después me llamó Morsa, el que trabajaba en la séptima para invitarme a asustar a unos zurdos que andaban pegando afiches por el barrio y le dije que no, con lo me gusta perseguir a los terroristas; y a la noche tuve la revelación mientras miraba los goles de que había hecho Kempes en Valencia; ahi pensé, si matador Kempes lo ves de noche, un poco lejos y de espalda capaz que te lo confundis con un mina, con esa melena y el cuerpo asï, como estirado; entonces pensé en esa Mari; y ahí me di cuenta, no es torta no Marimacho, es un travesti degenerado, y por eso juega como un hombre, como lo que es.

El rulo no decia nada; según Sergio, se rascaba la cabeza; nsosotros siempre pensamos que eso que esa cabellera era un nido de todo tipo de bichos; porqu era muy común verlo llevarse las uñas ahi arriba y rascarse a cada rato, pero por lo que nos contaba Sergio, ademas podía ser el resultado de un tic nervioso; se ve que ese comentario lo inquietó demasiado; y recien después de que Cacho lo obligó a que le diga algo pido balbucear:

- A vos te parece, pero para ser un chabón está bastante buena; si yo me la encuentro en la cimbia a la noche, y después del segundo o tercer vaso, capaz que le avanzo; no se, a capaz que juega bien porque Dios le dió ese Don, o porque tiene un hermano mayor que le enseñó desde que era chica; que se yo, ¿vos estas muy seguro Cacho?

- ¿no viste la cara de macho que tiene?, si te fijas bien, esta simepre mirando para abajo, como escondiendo la jeta, si le debe dar verguenza; a esos también habría que exterminarlos, son tan degenerados como los zurdos...

El rulo ni contestaba, nunca se animaba a contradecirlo, y menos esta vez; en la cara de Cacho se solo se veía bronca, estaba desencajado; lugo de unos instantes, por primera vez esgrimió una sonrisa ganadora, lo miró fijo y le dijo bien convencido:

- esccuchame bién rulo, el domingo que viene lo voy a desenmascarar, todavia no se bién como, pero les voy a demostrar la verdad a todos, y vas a ver que va a la va a pasar tan mal que no se va a aparecer mas por aca; algo ya se me va a ocurrir; asi que vos tenes que venir y cuándo se arme quilombo te tenes que poner de mi lado; ahora me voy a seguir a ver a seguir girando un poco mas con el tacho, nos vemos Rulo.

El sábado a la mañana nos juntamos en el parque; con la alegría de tener dos dias completos para pasarlos jugando a la pelota, olvidarnos todo lo que se nos permita de nuestras obligaciones escolares. Nos fuimos juntando en la estatua de la madre con sus dos pequeños en brazos, ese era el punto de encuentro usual, y mientras esperábamos llegar a un número mínimo para arrancar el primer partido de la mañana, (al menos 6), nos contando las últimas noticias, tanto de la actualidad general, como de los algunos hechos particualares en que nos veíamos involucrados. Hablamos un poco de la guerra; algunos seguíamos creyendo que íbamos ganando; repetíamos lo que escuchábamos de nustros padres, y lo que veíamos en la semana en algíno de los únicos 4 canales que había en televisión. A la hora de la cena; no nos quedaba otra alternativa que mirar lo que miraban nuestros progenitores, y por aquellos días el tema de las Malvinas abarcaba toda la atención.

Sergio nos contó la conversación que había escuchado entre Cacho y el Rulo; a esto se se sumó la información que traía Martín acerca de lo que había visto durante la semana en un café del barrio; nos contó toda la secuencia con lujo de detalles:

- Fue el miércoles al mediodía cuando volvía del colegio; venía caminando como siempre por la cuadra de la escuela con unos compañeros; después que me separé de ellos me metí en el bar de la esquina de Andres Ferreyra y Saenz, ese que tiene el toldo de chapa y que en las ventanas del vidrio dice "Bebidas, Sanguches y Minutas"  - alguno interrumpió para preguntar acerca de la palabra "Minutas", un término que ya había sido un motivo de discusión en algún momento; luego de un pequeño debate y las mas insólitas conjeturas acerca del significado del vocablo; la cual solo vale la pena destacar la de Pablo, que aseguraba que la palabra minutas hacía referencia a "minutos", ya que es el tiempo que uno se toma para para hacer una pausa e entrar a comer o tomar algo al Café o restaurante...; luego de las burlas por la ocurrencia de Pablo, que era mucho mejor con la pelota en los pies que pensando acerca de la etimiología de las palabras; se continuó con el relato:

- Siempre paso por el bar, antes de ir para mi casa; me hice amigo de uno de los mozos, el me guarda las chapitas, las tapas de las botellas de gaseosas; ahora vienen con los escudos y algunos jugadores de todos los paises que participan del mundial 82. Asi que  después que me dió la bolsa con las que había juntado le pedí permiso pasar al baño, y cuándo fui para el fondo, en la última mesa, como escondidos los vi a los dos; a Mari y al Turco; estaban sentados frente a frente, y hablando bajito; ellos ni me vieron, se miraban entre ellos como si no hubiera nada alrededor. 

Todos sabíamos que el Turco estaba casado con una mujer que para nuestros ojos de casi adolescentes era el ideal de la belleza, la comparabamos con Linda Carter, aquella hermosa mujer maravilla de la serie que todavia veíamos en blanco y negro en la tele; y ademas tenia un hijo recien nacido; por eso nos sorprendió lo que contaba Martín. El Turco era una influencia positiva para nosotros, alguien a quién ademirábamos, era bueno con nosotors, siempre nos tenía en cuenta; era como aquel ídolo de barrio al alcance de la mano, no entendíamos todavía mucho de traiciones de pareja; pero algo no cerraba; igual no le dimos mucha importancia; y en cuanto llegaron algunos chicos mas comenzamos el tradicional pan y queso para empezar los partidos.

MARI Y EL TURCO

Siempre se encontraban en el mismo bar; una vez a la semana el Turco aprovechaba su horario de almuerzo no solo para comer, también para estar un rato con ella. Se habían conocido en el parque; Mari iba a entrenar casi todos los dias al atardecer, trabajaba en una fábrica de telas que estaba a dos cuadras; todo el día frente a la máquina de costura, para ahorrar comía en la cocina de la fábrica algo que se llevaba de su casa; salvo los martes, era el día que se encontraban en el bar y compartían un almuerzo, un único momento íntimo, se sentaban en una de las mesas del fondo en la parte mas privada; a esa hora ese espacio estaba siempre vacio; solo los veían los que pasaban al baño, como Martín que los pudo ver aquel mediodia.

Mari tenía la capacidad de no demostrar demasiado sus sentimientos, podía mirar fijamente al Turco o a cualquier otro hombre sin que este tuviese la mas remota idea sobre lo que suceda en su intimidad. Era tan indescifrable como cuándo llevaba el balón y enfrentaba a su marcador. Ella sabía engañar, en la cancha y en la vida. Cuándo era chica había aprendido ocultar algunas cosas, en principio por verguenza, y después para evitar tener que dar algunas explicaciones. "La Mari es rara", era la forma que su familia trataba de explicar su conducta; ella escuchaba todo, parecía que no, que estaba en su mundo, que era muy diferente al de sus hermanas, primas y amigas. Y escuchaba a la madre cuándo hablaba a la noche con su padre; ellos creían que ya todas dormían, pero Mari no; porque tenía una radio pórtatil que le había regalado su abuelo, y la ponía en la almohada, pegada a su oreja para escucharla bajito, sin que nadie se percate. Escuchaba algun partido de esos que se jugaban de noche en la semana; de la copa libertadores, del campeonato metropolitano o nacional, de la B, o algún amistoso; ella se adentraba en los sueños con el relato, mientras en su cabeza se dibujaban las jugadas que el relator le iba contando.

"Es rara, las amigas la invitan a jugar a la casa y no va, te acordas que cuándo era chica le comprabamos esas muñecas que todas las nenas queían, las hermanas se peleaban por jugar con ellas, pero  Mari no le interesaba ninguna; le gusta juntarse con los nenes, el otro dia la vi en la puerta de casa jugando a la pelota con al hijo del panadero; no se que le pasa, no salió como las demas". Mari escuchaba todo, cuándo lo hablaban los padres, las tías y las hermanas; pero sabía engañar, y demostraba indiferencia. 

El Turco había conocido a su mujer en la escuela secundaria; era una de las pocas chicas que en esos años iba a una escuela industrial; le gusto desde el primer día que la vió; ella era única chica en su división; se habáia sentado adelante de todo; ningún chico se le animaba a hablar en esos primeros dás de clase, y el fue el primero en acercarse a ella; fueon amigos durante los primeros años, y en la mitad de la carrera se pusieron de novios. El dejo de estudiar cuándo repitió cuarto año por segunda vez u empezó a trabajar en una fábrica embotelladora; ella se recibió y se casaron. Trabajó unos meses en un negocio de ropa y quedó embrazada. El Turco comenzó a trabajar mas horas en la fábrica; cuando podía entrenaba; pero la vida se le hacpa difícil; por eso dejo el club en dónde si continuaba, podria llegar a tener alguna posibilidad de jugar por lo menos en algún equipo de segunda categoría. 





Comentarios

Entradas populares de este blog

MINUSCULO

SOLO