VIVIR ERRADO

 “Como pude haber vivido tan equivocado”; era el comentario de José, un hombre de mediana; hasta ese momento uno aún no tiene tamaña capacidad de crítica ni la humildad suficiente como para aseverar dicha afirmación; y pasada la mediana edad, ya entrando en la verdadera madurez de la vida, esa madurez que nos acerca al final, uno ya no se permite semejante autoflagelación, y necesita imperiosamente cursar sus últimos años transitando una paz interior que mansamente lo lleve al sueño de los justos, aunque bien sabemos que no hemos sido tan justos.

Algunas religiones sostienen que uno transita por muchas vidas; es decir, la misma persona, en diferentes cuerpos y diferentes épocas, y que en cada una de esas vidas uno va mejorando; esto hace que con cada nueva vida sea una versión mejorada de la anterior. Cuándo José escuchó acerca de esta afirmación lo primero que pensó es que él debía estar viviendo la primera de sus vidas. Este último gran error le venía a confirmar su postura.
Al salir caminando de la carnicería de su barrio con mercadería para preparar ese asado tan esperado, iba cabizbajo, pensando en lo que acaba de ocurrir; “45 años conviviendo con el error, para que en un segundo nos demos cuenta de lo equivocado que estaba, como no lo pude ver antes, me lo habrán dicho y no le di importancia, quizás no lo vi venir, y ahora así, como si nada, me entero del terrible error con el que conviví toda mi vida”.
“Como nadie me le dijo antes, o quizás me advirtieron muchas veces y no los escuché; el trabajo, la vorágine de la vida, las relaciones sentimentales, sociales, las distracciones, las películas, la música, la calle, el bar, la familia, el trabajo, el clima, la guerra en oriente, el cometa Halley…..siempre hay una excusa para no escuchar, para no ver, para seguir conviviendo con el error. Y lo pero es que a veces es solo un detalle, un minúsculo detalle que, una coma, un acento, un centímetro, o una letra. Pero ahí, está el error, en ese detalle, y quizás que sea tan minúsculo es lo que lo hace difícil de percibir”.
Entonces José caminaba hacia su casa, tenía que llegar, prender el fuego, decirle a su mujer que vaya preparando las ensaladas, levantar a sus hijos porque el domingo avanzaba y el asado era para todos, a pesar de que ambos habían llegado a la madrugada porque son jóvenes y se pasaron toda la noche de fiesta en fiesta. Pero no podía parar de pensar en lo que acaba de suceder.
Uno puede creer con certeza algunas cosas, nimiedades pero que hacen a la seguridad de uno mismo. “Al menos en esto se que tengo razón”, tanta razón como lo que la vida es finita; o como que la tierra es redonda, o como que una vez que se te pega la cintita roja de los paquetes de galletitas vas a estar por lo menos 5 minutos para poder sacártela de encima. Cosas que son asi, que nunca fallan, Y si de algo yo estaba seguro era que esa palabra empezaba con “M” y no con “B”, Pero es increíble como en un solo instante todo puede cambiar para siempre; es lo imprevisto que tiene la vida. Porque en general todo es previsible; ya hay muy pocas cosas que logren sorprendernos; pero un día vas caminando por la misma calle de siempre, cruzándote con tristes y preocupadas miradas de los transeúntes que también creen que ellos tienen razón en todo; y que siempre los demás son los que están equivocados. Pero llega el día en que todo ese mundo irreal se cae; y es como si se nos cayera una morsa sobre nuestras cabezas; es ahí cuando nos preguntamos como pudimos haber vivido tan equivocados; si, era un sola letra; pero el error ya me marcaría para siempre, creo que nunca mas confiaré en lo que yo creo que es correcto; no me viene mal un baño de humildad. Empezar de nuevo. Escuchar y ver mas alla de mis sentidos.
Si, vivi durante toda mi vida cometiendo ese error; pero el cartel de la carnicería me lo hizo ver; se dice Bondiola no Mondiola como yo creía.

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