LA CASA DE LAS HABITACIONES INFINITAS

 

LA CASA DE LAS HABITACIONES INFINITAS

Hacía poco tiempo que habitaba en aquel viejo caserón. Antes ocupaba un departamento pequeño que alquilaba en el centro de la ciudad. Un alquiler informal, y al no tener ningún tipo de contrato, tuve que dejarlo de manera inesperada, ya que el dueño tenía que pagar una deuda importante y necesitaba venderlo de manera urgente.

No tenía adonde ir a vivir; un amigo al que le conté mi situación, me ofreció ir a habitar aquella casa; la había heredado de sus padres, ya fallecidos. Su intención era venderla, pero como la casa estaba en muy mal estado, antes de ponerla a la venta debía refaccionarla para poder venderla bien; pero mi amigo no podía afrontar esos gastos en lo inmediato; es por eso que me permitió que viva ahí, haciéndome cargo de los gastos de los impuestos y servicios, hasta que consiga alquilar en otro lugar.

Cuando entre por primera vez tuve la impresión de que ya había estado en esa casa; como si la hubiese soñado, o como si fuese un dejavú, a medida que la descubría, la sensación era de haberla visto antes, con la misma disposición de los muebles y de los objetos que la ocupaban.

La entrada era un pequeño jardín, con la puerta de hierro en el medio, y una verja a los laterales; el piso cubierto de pasto seco y algunas masetas, muy descuidadas; un pequeño caminito empedrado llegaba hasta puerta doble de madera, que era la entrada al interior de la casa.

Los muebles eran antiguos, techos altos con arañas grandes, sin embargo la iluminación era tenue; llegué a la casa cuando ya anochecía, y a la mañana siguiente iba a saber con certeza como se vería con la luz del sol.

No llevé mis muebles, el dueño del departamento que alquilaba me permitió dejarlos ahí por algún tiempo, pero no mucho ya que le convenía mostrarlo vacío; asi que mi idea era vender algunos, y de a poco ir trayendo otros a esta casa.

Esa noche estaba muy cansado, durante el día había hecho muchas cosas, además había caminado bastante llevando una mochila y un bolso grande con la ropa y las cosas que necesitaba tener conmigo en lo inmediato.

La casa tenía una cocina grande, un living comedor y tres habitaciones, al menos son las que llegué a ver el día que llegué; al poco tiempo me di cuenta que me faltaban muchas cosas por descubrir.

 

Comí algo y me senté en un cómodo sillón de un solo cuerpo; uno de esos con respaldo alto, apoyabrazos esponjosos y en dónde uno se siente contenido y a salvo del mundo; no tenía ganas de ordenar la ropa ni de sacar las cosas de los bolsos. Todo era silencio; ya avanzaba la noche y lo único que se escuchaba era el tic-tac de un reloj de pared. Detuve mi mirada en un mueble lleno de libros; decidí levantarme para ver sus títulos; tomé uno cuya portada decía “Cuentos sobre el espacio infinito” me acomodé nuevamente en el sillón; dejé encendida solo la lámpara del velador de pie, de esta manera, toda la luz se concentraba en las hojas del libro y de mis manos; leí un rato hasta quedarme dormido con el libro abierto sobre mis rodillas.

Me desperté en medio de la noche y tarde un instante en darme cuenta en que lugar estaba. Miré mi reloj y solo habían pasado dos horas, sin embargo me pareció que había estado dormido mucho mas tiempo. Todavía no había amanecido, fui a la cocina y puse a calentar la pava, ya sabía que no me volvería a dormir, así que decidí recorrer mas la casa mientras tomaba mate. La primera habitación a la que entré tenía muebles muy viejos y las paredes llenas de cuadros. Los motivos de los cuadros eran salones decorados; cada uno de ellos presentaba un estilo diferente, algunos oscuros y otros muy iluminados; seguramente habían sido lugares reales que algún artista los pintó de manera exacta, como si fueran fotografías. Otra de las habitaciones era un dormitorio, muy pocas cosas allí dentro; una cama muy grande y alta, dos mesas de luz, un espejo horizontal de pared y un escritorio pequeño con una máquina de escribir sobre ella. Frente al escritorio, una silla que parecía muy confortable, como invitando a cualquier persona que pasara frente a ella a sentarse a escribir en esa vieja máquina. La tercer habitación estaba llena de libros, ubicados en diferentes muebles, algunos instrumentos musicales, atriles con sus partituras apoyadas, algunos sillones antiguos, algunas lámparas de pie, y en el techo una grana araña con muchas luces, era sin duda el lugar mas luminoso de la casa. Todo estaba muy pulcro, ordenado y en muy buen estado; esto me sorprendió, ya que según mi amigo hacía mucho tiempo que nadie habitaba la casa. Sin embargo se notaba el deterioro de las paredes, los pisos y los techos. Me entretuve mirando las tapas de los libros; había de todos los géneros y épocas, estaban ubicados de forma aleatoria. Al lado de un clásico de literatura inglesa se podía encontrar un libro de historia de la Revolución Francesa, y a su lado alguno de cuentos tradicionales rusos. Muchos de ellos tenían sus páginas amarillas y ese aroma a libro viejo tan particular y tentador para mi olfato. Me quedé un rato entre los libros, algunos de ellos con contenidos muy desconocidos para mí.

Ya empezaba a salir el sol y me di cuenta que necesitaba desayunar y prepararme para ir a mi trabajo. Tenía un libro entre mis manos, cuándo intenté dejarlo en su lugar cayó detrás del mueble; a correr ese mueble para recuperar el libro que había caído en el piso quedé asombrado al descubrir una puerta oculta detrás de la biblioteca; la intenté abrir pero estaba cerrada con llave, mire en los estantes para para ver si había alguna llave pero no hallé ninguna.

Decidí dejar todo como estaba y esperar hasta volver del trabajo para buscar la llave y ver hacia dónde conducía esa puerta escondida detrás del mueble.

En la oficina me costó concentrarme en las tareas diarias, pensaba en esa puerta; ¿porqué quedó detrás de un mueble?, pensé en llamar a mi amigo y preguntarle, pero temí incomodarlo, además si la puerta estaba cerrada, sería para que nadie pase, y yo no necesitaba acceder a ese misterioso lugar.

Sin embargo estaba ansioso, solo quería que pase la hora para llegar a la casa y descubrir que había detrás de ella.

A las 18 en punto salí de la oficina, ese día mis compañeros me habían propuesto ir por unos trago, pero yo puse cualquier excusa y me despedí de ellos. Cuándo llegué fui directamente a la última habitación, que después descubriría que estaba lejos de ser la última; puse la mano en el picaporte y la intenté abrir sin llave; me llevé una gran sorpresa al ver que la puerta se abría; estaba muy seguro que por la mañana estaba cerrada con llave. Lo primero que pensé fue en la posibilidad que haya entrado alguien, conocedor de la casa y con llaves para acceder. Al ver lo que había dentro de la habitación ese pensamiento se fue de mi mente; no dejaba de sorprenderme lo que veía. En la pared del fondo había una gran pantalla de cine, varios sillones frente a ella, y sobre una mesa alta un proyector de cine. Las paredes de los costados estaban repletas de latas con rollos de películas. Comencé a mirar las etiquetas en esos rollos; había de todo; neorealismo italiano, novel vagué, expresionismo alemán; películas de todos los países y de todos los tiempos.

El proyector tenía una película cargada y lista para reproducir; me acerque y

 lo encendí. Las imágenes que comenzaron a verse en la pantalla, eran de una casa deshabitada, cámara de desplazaba por toda la casa como una toma subjetiva, iba pasando por muchas habitaciones parecidas a las que ya había visto en esta casa. La película finalizaba con un plano general de la habitación en la que me encontraba en este momento; luego la cámara hacia un zoom hacia la pantalla; y se veía la misma imagen que yo estaba viendo directamente, como si fuera una emisión en directo.; luego la cámara giraba hacia la derecha y tomaba la imagen de una pequeña puerta que estaba al lado de la pantalla; el plano quedaba fijo en esa puerta. La puerta era real; y efectivamente estaba al lado de la pantalla. Seguramente detrás de esa puerta habría otra habitación; ya no podía volver atrás; tenía una irresistible tentación de abrir esa puerta; sentía una gran excitación, por un momento pensé que estaba viviendo uno de esos sueños lúcidos que tengo con frecuencia, pero ese pensamiento lo descarté enseguida porque la situación era muy real; no había posibilidad que esto sea un sueño. La casa parecía no tener fin.

Me acerque a la puerta; había un cartel colgado en ella; en el estaba escrito aquella frase de unos de los libros que marcó mi juventud. Se leía “TEATRO MÁGICO. SOLO PARA LOCOS. LA ENTRADA CUESTA LA RAZON”.

Comencé a pensar que todo esto me estaba pasando a mí por alguna razón; que yo era el destinatario de todo lo que iba sucediendo.

Abrí la puerta con mucha prudencia y con la emoción de ver que había detrás de ella. Por primera vez tuve la sensación que una vez dentro de esa habitación me encontraría con algo que estuve esperando y deseando toda mi vida. Algo que desconocía pero que ansiaba conocer. Tenía miedo, pero esa clase de temor que no paraliza, sino que hace que avancemos. Al entrar al lugar me encontré con un lujoso salón antiguo, propio de algún aristócrata de mediados del siglo XIX. En el medio del salón había una gran mesa; sentado en la cabecera se encontraba un hombre de aproximadamente 50 años. En la otra punta de la mesa estaba sentada una hermosa y joven mujer, de pelo negro y ondulado. Sus labios eran carnosos; sus ojos grandes y bien abiertos; tenía una sonrisa burlona en su hermosa cara. Disfrutaba de este momento; tomaba vino y miraba al hombre que estaba frente a ella. Este, contrariamente tenía un gesto adusto; fumaba una pipa; me miraba con a mi y a luego a la mujer; estaba como esperando que ella me diera alguna indicación.

Me acerque a ellos con mucho cuidado; estaba viendo una escena propia de otro tiempo; había gente real en una casa supuestamente deshabitada. La mujer se presentó con estas palabras:

-       Te estábamos esperando; hace muchos años; mas de un siglo en realidad; nos conoces a ambos; somos los protagonistas de tus placenteras noches de lecturas. Te parecerá raro este momento, pero es el mas real de toda tu vida. Mi nombre es Armanda y el de el hombre que está sentado frente a mí Harry.

Estaba frente a los personajes de la novela de Hesse; El lobo estepario. Entonces todo esto ahora sí comenzaba a tener sentido; yo mismo me sentí muchas veces un lobo estepario de la vida moderna; yo me reprimí tantas veces esos instintos de acabar con la cultura burguesa que me rodeaba; y tantas veces me sentí débil y enfermo como Harry deseando poner fin a mi vida, a la que nunca terminaba de encontrarle el sentido.

-Tranquilo  -continuo Armanda- tenemos toda la eternidad para entender, siempre te asustó y te atrajo al mismo tiempo la idea del infinito; del tiempo; poco a poco iras descubriendo las respuestas; hay mucha puerta en esta casa; infinitas; tantas como las que quiera tu mente. Y podrás recorrerlas una tras otra. Otros personajes de tus novelas aparecerán en ellas; recorrerás todos los tiempos, podrás leer todos los libros y ver todas la películas; harás el amor con todas las mujeres, o quizás hombres que desees; fumaras tabaco del mejor y tomaras los vinos y licores que quieras. La casa tiene infinitas habitaciones; el mundo real es tan limitado como las mentes de los que habitan en él. Aunque en verdad, el mundo real para ti ya es éste. Sigue adelante con las habitaciones; no te preocupes por la gente que conoces; quizás algunos de ellos se encuentren en alguna habitación se así lo deseas; si al caminar notas que la casa va en descenso no te extrañes; ahí está el secreto; esta casa va girando en forma circular y descendente; quizás llegue al centro de la tierra; aún no lo sabemos. Camina haca la otra habitación; no te preocupes por Harry. El está bien; solo que habla poco; todavía le falta aprender algunas cosas.

Yo ya no estaba asustado; Armanda me había convencido; solo me quedaba seguir recorriendo la casa.

 

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