NADA EXTRAORDINARIO
Nada extraordinario iba a sucederme hoy. ¿Como lo sabía? Solo
es una cuestión de estadística. Nunca me pasa algo fuera de lo común,
levantarme a media mañana, ya que siempre me gana la noche me gana en esa
pulseada entre acostarme temprano o usar esas horas oscuras para leer, mirar
televisión, escribir o simplemente sentarme a escuchar jazz y dejar pasar el
tiempo como si nada.
El mate, que se disfruta mas, en esas mañanas frias de un
otoño ya establecido, y cada vez mas decidido a llevarnos al frio mas extremo.
Luego alguna lectura breve, quizás algún cuento corto, fantástico, como para ir
entrando en ese mundo maravilloso, lejos de la realidad y de las noticias de
hoy, para que me brinde una vaga expectativa de que algo extraordinario, sí
podía sucederme hoy.
Sali a caminar, el otoño me parece la mejor época para
disfrutar al aire libre, hay perfumes que nos recuerdan los momentos mas lindos
de nuestra infancia, y el olor de otoño es uno de ellos, el aroma a hojas secas
me recuerda aquellas tarde, cuando volvia de la escuela, y mi única
preocupación era pisar esas hojas secas, para escuchar el ruido cuando se
rompen; era como un juego personal en el que cada hoja pisada me daba un punto,
por eso siempre estaba muy atento a encontrar un montículo de hojas, de esos
que las señoras que barren sus veredas dejan cerca de algún árbol, para poder
pisarlas todas y acreditarme una cantidad importante de puntos en mi juego
imaginario, y el que por supuesto, siempre ganaba. Ademas las hojas de los
árboles comienzan a cambiar sus colores, alguna, otras ocres y con la luz del
sol se forma un paisaje agradable de ver. Y por si fuera poco también se hace
justicia entre la luz y la oscuridad, en verano, se comete un gran
desequilibrio en dónde la mayor parte del dia solo hay luz; en otoño se empieza
a revertir este desequilibrio natural, y los días se reparten con justicia
entre la luz solar y la noche, este fenómeno me da una sensación de un mundo un
poquito mas justo.
Como todas las mañanas la gente corria, no por hacer deporte
sino por hábito. La gran mayoría de esas personas siempre corrian; no solo para
llegar un trabajo, también para ir a comprar a la verduleria, a visitar al
médico, a pagar los impuestos o a pasear al perro. En una ciudad se vive
siempre apurado, independientemente de si es necesario o no. Es solo una norma
que uno tiene incorporada y lo hace sin saber realmente para que.
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