YA NO QUEDAN CACHOS

 

Me dormi preocupado pensando que en unos diez o tal vez menos años, ya no va a haber ningún “Cacho”, si va a haber “Jhony”, “Jenni”, “Andy” otros diminutivos de muchos nombres que se pusieron de moda, o que nunca se dejaron de usar; pero “Cacho” ya no va a existir. Hasta hace poco teníamos a Cacho Castaña; pero se fue, y no apareció otro, y lo que pasa es que nos estamos quedando sin Cachos. Me desperté pensando que esa era la ley de la vida, que las cosas iban desapareciendo de a poco hasta que no quedaba ninguna de la misma especie. Como los dinosaurios; también se extinguirían los “Cachos”. Como también dejaron de existir los cóspeles de subte, las fichas de teléfono, el boleto de colectivo y tantas otras cosas. Soy un nostálgico, no lo puedo evitar, luche mucho tiempo para apaciguar tanta nostalgia, pero me di cuenta que no podía, porque me gustaba, la necesitaba. No creo que todo tiempo pasado fuera mejor, pero yo extraño ese tiempo que ya pasó. Tienen que haber pasado unos veinte años para que me empiece a pasar esto de la nostalgia extrema, no era mejor ni peor, pero era otro tiempo, y yo también era otro, me veo desde afuera y eso me gusta. Y no hace falta pensar demasiado para asegurar que el pasado nunca fue mejor; hace 1000 años quemaban a las personas que no profesaban la religión católica; mataban a los indios y se quedaban con sus tierras, y todo en nombre de Dios y de un rey que era el dios en la tierra. Y si solo nos remitimos al siglo 20, solo 100 años atrás, las mujeres eran solo un objeto que complementaba al hombre; los negros se vendían como y se los esclavizaba, los nazis exterminaban a las personas por el solo hecho de ser judíos; hace solo 50 años una persona que no se identificaba con su sexo era como mínimo un enfermo degenerado que no merecía ser respetado. Con estos ejemplos es fácil deducir que la humanidad progresa en cuánto a los derechos de las minorías, pero también surgen nuevas formas de barbarie, un capitalismo salvaje que hace que la brecha entre ricos y pobres sea cada vez mas grande, una obsesión por el desarrollo tecnológico que hace que el mundo sea un lugar mas contaminado, con recursos naturales que se van agotando, bosques que desaparecen y ciudades cada vez mas peligrosas para la salud de sus habitantes. Y así como antes la libertad de expresión era un dercho que solo tenían los poderosos del mundo hoy en día, las redes sociales no hacen otra cosa que confundir a la opinión pública y permitir que se pueda ofender libremente, mentir, y crear una aparente cercanía que no es tal como parece y que desalienta todo trato personal y de verdadera comunión los entre las personas.

Y sin embargo a uno le gusta recordar ese tiempo pasado; asi como mi viejo me hacía escuchar un tango que hablaba de lo maravilloso que era la vida en los años 40; a mi me parece maravillosa la vida de los 80; pero claro, yo tenia 10 años; y ni sabía que mientras mi mundo era pasarme todo el dia en el parque jugando a la pelota en el parque y mirar dibujos animados, miles de argentinos los estaban secuestrando y matando por el solo hecho de pensar diferente y de luchar por luchar contra con un gobierno dictatorial que avasallaba sobre los derechos del pueblo. Por eso ahora recurro a esos recuerdos. Uno cree siempre que la infancia es la parte mas feliz de la vida. No se cuanto tendrá de cierto será esa afirmación, quizás uno cree que los problemas de los chicos son problemas chicos; pero para los chicos, esos problemas, quizás sean gravísimos, es decir, que te pongan una mala nota en la escuela primaria, quizás alcance el mismo grado de dramatismo que para un adulto tener una deuda que no lo deja dormir.

La cuestión es que me obsesioné con la década del 80; empecé escuchando recortes de programas de radio y de de esos años; leyendo revistas y diarios, yendo a las hemerotecas, porque tampoco me servía buscar archivos digitales en la web; necesitaba tocar esos diarios amarillentos, gastados por el tiempo, ver las fotos y las diagramaciones de las páginas de aquellos tabloides. Los avisos publicitarios, las grillas de los programas de televisión, la cartelera de cine y teatro, las historietas de la última página y la alineación de los equipos y la tabla de los equipos de futbol.

A veces creo que no tiene sentido mirar atrás, que lo único que consigo es desaprovechar el presente y no me permite proyectar, soñar con nuevas metas, buscar lo novedoso, en fin, mirar hacia adelante y esperar que sucedan cosas buenas. Me gustaría pensar que no todo tiempo por pasado fue mejor y como pregonaba el flaco Spinetta; “MAÑANA ES MEJOR”. El mundo podrá mejorar; aunque las noticias siempre vayan de mal en peor; pero eso es en lo general, en lo particular, uno sabe, aunque no lo quiera ver, que envejecemos, por dentro y por fuera; que vamos perdiendo energía, que ya no disfrutamos como antes, que nos volvemos cada vez mas intolerantes y nos cerramos, que nos cuesta a cambios, que nos vamos quedando cada vez mas solos, y asi como van desapareciendo los sueños de juventud; se nos van los viejos, perdemos amigos, nos distanciamos y andamos por la vida preguntándonos porqué cada vez nos cuesta mas ser felices. Después de las cinco décadas, ya pasamos por muchas cosas, ya sabemos bien sobre todas nuestras frustraciones, sobre los errores que cometimos, las oportunidades que desaprovechamos. Nos fuimos de casa, nos creímos invencibles, inmortales, ganadores, y salimos a conquistar el mundo. Pensamos que era bueno conseguir una posición social, y asi entramos al mundo de la alta competencia; para darnos cuenta en algún momento de que ese éxito que buscábamos era solo un engaño, que si no lo conseguíamos nos íbamos a sentir frustrados y que si llegábamos a las metas que no valía tanto la pena. Nos casamos, tuvimos hijos, nos separamos, o no, pero vivimos en medio de una mentira creyendo en la familia feliz, compramos una moto, después un auto y otro auto mejor; para un dia darnos cuenta que los viajes mas lindos de nuestras vidas eran con la bicicleta rodado 20 con asiento banana dando vueltas a la manzana de nuestra de la infancia.

Y hoy llego al punto de creer que para acercarme a la felicidad tengo que recordar aquellos momentos en que a las diez de la mañana cruzábamos al parque con la número 5, los pantaloncitos cortos y la remera de nuestro equipo de futbol para pasarnos toda la mañana peloteando, y solo parar para treparnos a un árbol o para jugar algún juego improvisado que se nos ocurrió en el momento.

Quizas sea la hora de aceptar que ya no haya mas “Cachos” y empezar a pensar en que los cambios sean los que hacen que la vida sea un bosque lleno de sorpresas en el que hay que meterse y descubrir con fascinación cada cosa nueva que se nos aparezca, mirar las cosas como si fuera la primera vez; porque en el fondo, aunque algunas cosas no cambien, nuestra mirada nunca es la misma; y podemos ver en cada una de esas cosas, detalles nuevos a los que nunca les prestamos atención.

No estaría mal llevar en nuestros sentidos aquellos recuerdos que nos hicieron felices, no sería cuestión de olvidarse de todo como si nunca hubiera pasado, lo que no podríamos permitir es que ese pasado sea tan pesado que no nos deje levantar vuelo.

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