LIBRES

 

Era la primera vez durante toda mi etapa escolar que engañaba a mis padres. La escuela era un lugar al que habitualmente quería ir. No es que me gustaba el estudio, esa es la parte a la que le escapaba un poco, pero cuándo uno empieza la secundaria es como empezar a ser libre. El industrial no era mio, todos varones en los 90, y nos daba un poco de envidia pasar por esos colegios mixtos en dònde veìamos a grupos de chicos y chicas juntas, rièndose, seducièndose, gustándose, y hasta algunos demostrando toda esa energía sexual propia de adolescentes. Por eso en cuarto, me pasè al bachiller. Un colegiò de San telmo, con espíritu hippie, politizado, con chicos y chicas con inquietutes sociales, artísticas, bastante diferente a aquel colegio en dónde nos pasabamos durante tres horas por dìa por tres meses limando un pedazo de fierro para convertirlo en la cabeza de un martillo. Pero ya en quinto año, y termimando, esa mañana salí, y tome el subte como todos lso dias, pero sabía que no iba a ir al colegio, bajé en la 9 de julio y comence a caminar por esas calles angostas de San Telmo, la mañana en ese lugar tiene algo mágico, pareciera que viejos espìritus que andaban por la zona en dónde empezó la ciudad suguieran dando vueltas por ahí, algunos escápandese de una veja casona, que supo ser de alguna famlia arístocrata y que luego de la fiebre amarilla y del traslado de la gente acaudalada a la zona norte de la ciudad quedò en manos de gente de baos recursos. Prendí u cigarrillo, no fumaba, pero hoy yo estaba dispuesto a ser yo, y el otro si tenìa ganas de hacer algo yo nunca hacía. Despúes de la primer pitada, fué que me crucé con Fernándo. El tambén era de mi curso, y a diferencia mia, para él era habitual no asistir a la escuela y andar toda la mañana recorriendo la ciudad sin nunguna preocupación. Nos saludamos, sabiendo que a ahora erámos complices, Férnando se sorprendió al verme. seguimos caminando juntos, rumbo al Parque Lezama. En un momento Férnándo se frenó de golpe y me detuve; ví lo mismo que él. Al Rector del colegio; ese tipo autoritario, que le gustaba ser sarcástico con los chicos, al que la mayoría de los profesores le tenían miedo. Enseguida elaboramos el plan, lo `íbamos a seguir; algo bueno podíamos sacar de este encuentro fortuito. Sabíamos que era su horario de escuela, pero tambíen sabíamos que no le rendía cuentas a nadie. El me recordó cuándo en aque festival de bandas que se hizo un sábado a la noche, casi lo suspende porque un grupo se puso a cantar la marcha Peronista. Mas me dieron ganas de agarrarlo en algo. Entró a un bar y se sentó en una mesa. Tambén sabíamos que era un hombre casado, al que se le concian varias historias con profesoras, pero que era el típico hipócrita que vendía los valores de la familia y en contra del divorcio. Sin duda se iba a encontrar con algunas de sus presas, y nosotros lo íbamos a saber, no había celulares en esa época como para intentar registrar el momento pero de alguna forma íbamos a encontrar la forma de extorsionarlo. Nos sentamos en el umbral de marmol de un viejo negocio que estaba enfrente; mientras esperábamos, Fernando me contaba que el se pasaba todo el dia fuera de su casa, que ya no aguantaba mas a sus padres, yo le conté cosas mias, mi miedo al futuro, al terminar la escuela y no saber bien que hacer, a fracasar, pero él me decia que me quede tranquilo y que piense en solo en el presente, en este momento en el que hay un aire cálido que gratifica, que el día esta luminoso y que tienen todo ese día para dsifrutarlo como ellos quieran; ademas, me decía, qiuizas estes pensando en que le tenes que rendir cuentas a alguien, ser del mundo lo que espera de vos, pero no le debes nada a nadie, hace simplemente lo que quieras, y todo va a estar siempre bién. Vimos venir caminado a una mujer de unos 45 años, muy bien vestida, tacos bien altos, muy producida y con anteojos negro. Cuándo estaba por entrar al bar Fernando bajó la canbeza enseguida; la volvió a levantar despacio, y cuándo vio que esa mujer se sentaba en la mesa de Rector; se emepzó a reir solo. Se levantó y me dijo: - Vamos...mejor dejemos todo como está, quien lo iba a pensar; bueno después de todo, mi viejo también es bastante hipócrita, y no siempre la trató como se merecía mi vieja.....mirala ahi esta mi querida madre, de lejos parecía un minon. No le dije nada, no estaba nada mal, creo que no le importaba, en todo caso estaría pensando que ahora tiene a dos personas para extorsionar. LLegamos a esa pizería barata que la hace a la piedra, y uno se puede comer una piza entera. Compramos dos latas de cerveza y terminamos comiendo tirados en una de las barrancas del parque Lezama, todavía nos quedaba el resto del dia para divertirnos.

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