ENCUENTRO
Nada extraordinario iba a sucederme hoy. ¿Como lo sabía?
Solo es una cuestión de estadística. Nunca me pasa algo fuera de lo común,
levantarme a media mañana, ya que siempre me gana la noche me gana en esa
pulseada entre acostarme temprano o usar esas horas oscuras para leer, mirar
televisión, escribir o simplemente sentarme a escuchar jazz y dejar pasar el
tiempo como si nada. Salí a caminar, el otoño me parece la mejor época para
disfrutar al aire libre, hay perfumes que nos recuerdan los momentos mas lindos
de nuestra infancia, y el olor de otoño es uno de ellos, el aroma a hojas secas
me recuerda aquellas tarde, cuando volvía de la escuela, y mi única
preocupación era pisar esas hojas secas, para escuchar el ruido cuando se
rompen; era como un juego personal en el que cada hoja pisada me daba un punto,
por eso siempre estaba muy atento a encontrar un montículo de hojas, de esos
que las señoras que barren sus veredas dejan cerca de algún árbol, para poder
pisarlas todas y acreditarme una cantidad importante de puntos en mi juego
imaginario, y el que por supuesto, siempre ganaba. Y de repente te vi
caminando, esta vez mas lento, no como cuándo éramos chicos y nos llevabas a
uno de cada mano y a un paso rápido, típico de un hombre de ciudad, siempre
apurado. Y nosotros, mi hermano y yo íbamos casi como flameando en el aire. Era
una de las pocas veces que nos llevabas al colegio; a algún patrio, porque en
esa época, casi terminados los 80, todavía los actos se hacían el mismo día del
feriado que se celebraba, no había clases, solo el acto, y como vos ese día no
trabajabas nos llevabas, porque esa tarea de llevarnos y traernos de la escuela
era solo de Mama. Esta vez caminabas lento, con las manos en los bolsillos,
como fuera del mundo y no como uno de los tantos "apurados" que
sufrían de esa ansiedad de hombre de ciudad. Hacía 23 años que te habías ido, y
de golpe, sin avisar, aunque de alguna forma después me di cuenta que estabas
avisando; te estabas despidiendo y no nos dábamos cuenta. Ya no trabajabas
desde las 6 de la mañana hasta las 6 de la tarde, no cantabas esos tangos, que
a nosotros no nos gustaban tanto y que vos no decías "ya les va a gustar
el tango siempre te espera" y si que tenias razón, y ni siquiera los
silbabas. Lo que mas te gustaba era esa costumbre bohemia de ir al bar a
tomarte un aperitivo en la barra mientras hojeabas aquel diario tabloide de la
edición de la tarde mientras hablabas con el mozo, y a algunos de los que como
vos acudían a ese lugar, también como para escapar un poco de sus casas. Nunca
te agradecí por esas anécdotas exageradas que nos contabas en la cocina, antes
de irnos a dormir, y no importaba si esas historias estaban adornadas con
algunas cosas inventadas, lo que nos gustaba era la manera en la que no
contabas. Ni te agradecí por esa pasión por la lectura que heredé. Desde aquel
día que te acompañe a tu trabajo en el centro, un sábado a la mañana y después
me llevaste a esa biblioteca de una galería de la calle florida y me dijiste
que elija un libro para llevarme en préstamo; y yo elegí uno de esos de tapas
duras amarillas de la colección "Robin Hood", y desde ahí nunca paré
de leer. Tampoco te agradecí haberme hecho de River, creo que mi recuerdo mas
lejano con vos fue aquella vez que me llevabas en anda mientras cantabas una
canción de cancha, era tan linda y tan lindo ese momento que desde ahí mi
pasión por los colores siempre esta asociada a vos. Además eras el
"bueno", pobre Mama, ella se la pasaba ocupándose de nosotros todo el
día, con la escuela, las comidas, cuándo nos portábamos mal; y no podía decir
"Van a ver cuando venga tu padre", porque vos siempre llegabas del
trabajo con una sonrisa, con la revista "Anteojito" que traía un
juguete, o con una historieta de "Paturuzú" o la "Condorito";
y nunca nos retabas. Nada extraordinario iba a sucederme hoy, salvo que te
encontré caminado en la calle, y es extraño porque habías muerto hace 23 años.
Lo único que te puedo reprochar es que siempre nos decías que te ibas a morir a
los 98 años, una tarde de Domingo a la hora en que terminan los partidos. Pero
te fuiste un triste jueves del año 98; tanto no nos engañaste.
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