EL DOBLE

 

EL DOBLE                                                    

Al Señor Octavio Alexis Rinogoberguer nunca le sucedía nada fuera de lo común; ese era uno de los pensamientos que lo atormentan al final del día, cuándo luego de acostarse y apagar su televisor, sin haberse enganchado con ningún programa, cerraba los ojos para intentar dormirse, antes de que esos pensamientos se apoderaran de su mente y lo mantengan en vigilia por un buen rato. En realidad, lo suyo era más grave aún, hacía tiempo que creía que nunca le había sucedido nada importante en su vida; algunas veces, los días más optimistas, se consolaba pensando que sí le sucedían cosas importantes, si contaba el hecho de haber nacido, ya que se justificaba: "uno no anda naciendo todos los días", y también un día moriría, aunque en ese momento volvía a su pesimismo habitual, ya que si bien ese podía ser un hecho importante en su vida, ya no iba a estar presente como para tenerlo en cuenta. Lo atormentaba la idea de la muerte, no le daba tanta pena tener que dejar el mundo; sino más bien la idea de que nunca había hecho algo realmente importante; quizás tampoco sabía con certeza cuales eras las cosas “realmente” importantes. Sus días transcurrían entre la indecisión y el aburrimiento; en algún momento podía asaltarlo una pequeña ilusión, expectativa de que le pase algo; pero ese momento no duraba mucho; entonces dejaba que el tiempo consolándose con alguna comida, un libro o cualquier otra cosa que le signifique un pequeño placer transitorio.

Luego de haber pasado su peor noche, y pensando que no solo nunca le pasaba nada importante, y que peor que eso, nunca le sucedería; se resignó a su realidad, y salió rumbo a su trabajo, donde se desempeñaba como redactor de los avisos fúnebres, quizás el trabajo menos creativo que alguien realizaba en un periódico. La muerte lo acompañaba hasta en su tarea laboral; gente que sede despedía de sus seres queridos a través de unas grises palabras que aparecerían en una de las últimas páginas de los diarios.

Llegó temprano, había salido antes, ya que en su casa comenzó a sentir el vacío, necesitaba por lo menos ver gente moverse, escuchar alguna conversación cualquiera, eso no lo animaba, pero por lo menos se podía imaginar la vida de los demás, era algo que lo saque de sus pensamientos. No tenía familia, ni amigos, solo algunos conocidos, los cuales siempre se acercaban a él cuándo necesitaban algo. Así y todo por momentos pensaba que por lo menos alguien puede necesitar algo de él, con lo cual su vida no resultaba ser totalmente insignificante. A punto de salir sonó su teléfono, cuándo sucede esto, por un instante siente la emoción de que algo pueda llegar a cambiar en su rutina, quizás alguna amiga de cuándo era joven que le pidió el contacto a algún conocido en común, o algún familiar lejano que no conoce y lo llamaba para decirle que se había enterado que eran parientes y quería conocerlo, o del trabajo para decirle que tenía una reunión con su jefe, lo que podía significar que la pasaban a algún otro sector o quizás a la filial de algún otro lugar de la ciudad o del país, con la posible consecuencia de conocer gente nueva, y hasta algún amor. Pero eso no sucedió; cuándo atendió, una voz grabada, muy amable le anunciaba la propuesta de un partido político para la próxima elección. A Octavio tampoco le interesaba la política; colgó el teléfono con la tristeza de de esa falsa ilusión.

Cuando llego a su trabajo, fue directo a su escritorio y comenzó su trabajo. Leyó el informe del primer aviso que debía redactar y se comenzó a temblar, sentir palpitaciones, sudar frio, casi pierde el conocimiento; el informe pertenecía al deceso del Octavio Alexis Rinogoberguer, vio su mismo nombre y como si fuera poco, la misma fecha de nacimiento de él. Sus dos nombres y su apellido aparecían en esas hojas en dónde se notificaban los fallecimientos que él debía convertir en avisos fúnebres. Quedo unos instantes perplejo, no tenía reacción. Volvió a leer, confirmó los mismos datos. Tomó la dirección de la casa de sepelios, y se fue de la oficina avisando que se sentía muy mal y en consecuencia, se iba a su casa. Para todos fue raro, nunca había hecho nada así, pero al ver su cara  blanca y con gotas de sudar corriendo sobre su cara, solo le preguntaron si quería que alguien lo acompañe; el dijo que no y salió rápidamente, como necesitando oxígeno de manera urgente.

Cuando llego al velatorio vio una cantidad muy grande personas, gente de varios países y hasta cámaras de televisión. Fue directamente a verlo, no supo distinguir si se le parecía o no. Quizás si se reconoció en la nula expresión de su cara, era la misma que veía todos los días en su espejo. Luego fue acercándose a los pequeños grupos de personas que dialogaban entre sí, no se preocupaba por llamar la atención ya que eso no le pasaba nunca. Escucho los siguientes comentarios referidos al difunto:

- Fue un gran padre de cinco hijos, su esposa lo amaba y lo admiraba

-Era un ganador en todo lo que emprendía y siempre se lo veía feliz, hacía sentir bien a los que lo rodeaban y todos querían acercarse a él.

- Viajó por todo el mundo, vivió aventuras de todo tipo, su vida fue emocione hasta su último minuto.

- Una gran pérdida, todos lo vamos a extrañar.

 Octavio, el vivo, se fue a su casa, tomo una pastilla y durmió 12 horas seguidas. Al otro día se levanto con una energía que desconocía, con entusiasmo, se miro al espejo y admiró su cara. Sonó su teléfono; era un mensaje de una compañera del secundario  la que más le gustaba; la chica le  decía que había conseguido su contacto y que quería saber de él. Salió a la calle con alegría, desayunó en un bar y entabló conversación con otras personas. Cuando llegó al trabajo le dijeron que se presente al Director porque quería hablar con él. Le propusieron acompañar a un grupo de periodistas a otro país para realizar una investigación, necesitaban gente de confianza y confiaban en que él iba a poder ayudar en esa tarea, eso le significaba un ascenso y un incremento en su sueldo. Cuándo salió de la oficina del Director, estaba seguro de que no era ninguna casualidad, simplemente todo lo bueno de acá en mas lo iba a recibir él. Ya no tenía competencia.  

 

                                                                                                                                                                                                                                


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