EL CELULAR

 

A mi me gusta recordar el pasado, digamos que una vez que pasan los diez años es cuándo ya me empiezo a sentir ese apego a la nostalgia; no tiene que ver con el hecho de creer que todo tiempo pasado fue mejor, incluso siento atracción por aquellas épocas en las que no la pasaba tan bien. Me gustaba mi viejo pupitre de madera del colegio, el portafolio de cuero marrón que se usaba mucho antes de que aparecieran las mochilas, las veredas a canaletas amarillas que hoy todavía se pueden ver en algunos pueblos del interior, lo colectivos con trompa, el boleto de colores, y los bares con esas pesadas ventanas “guillotina”. En cambio Ignacio , es todo lo contrario, solo le gustan las cosas modernas, no lo novedoso, que en ese caso no me molestaría, pero sí lo que se pone de moda; sin detenerse a pensar si eso que es “moderno” es práctico o no; de calidad aceptable o mediocre; la cuestión es que esté a la moda. Los programas y series de televisión que mira; nunca en un aparato televisivo, sino en su móvil; son solo los que tienen rating; si algún programa le atrae un poco, lo deja de mirar si al otro dia se entera de que anduvo flojo en el rating. Tenerlo frente cerca de mi escritorio, y ver las cosas que hace o escucharlo, me inspiran odio; pero no particularmente a su persona, lo que verdaderamente odio es la modernidad. Ignacio siempre quiere estar a la moda con todo, cuándo ve a alguien que tiene el último modelo de zapatillas de una primera marca, lo primero que hace es gastar todos sus ahorros para poder comprarla, así tenga que comer fideos durante todo el mes. En la oficina nunca nadie tuvo antes que él, la última versión del i-Phone en su trabajo, en el sector facturación  se la pasaba haciendo maniobras ilegales, para quedarse con una importante suma de dinero extra. En cuánto vio entrar a la oficina a Ramiro luciendo en la mano el nuevo M-7550, empezó a sudar, sentir temblores y a transpirar un sudor frío propio de alguien que está a punto de desvanecerse. Ramiro dejó su chaqueta en la silla se sentó y se puso a revisar su luminoso, grande y esplendoroso móvil. Cada uno en la oficina siguió con sus tareas, menos yo, que disfruté de sobremanera ver como Ignacio cayo se levantó y tambaleándose le pidió permiso al jefe para ir a desmayarse a algún lugar mas tranquilo. Al otro dia faltó al trabajo, nos enteramos que se pasó la mitad del día navegando en la pantalla de tres dispositivos a la vez buscando la forma de encontrar donde conseguir el M-7550. Estaba sorprendido, se hablaba del lanzamiento en este país de ese modelo para dentro de cuatros meses; todo el tiempo se preguntaba como era que Ramiro lo había conseguido, ya que no se encontraba en todo el continente, y no había ninguna posibilidad de que haya viajado mas lejos ya que no se tomaba vacaciones desde hace dos años; y averiguo que en el transcurso de esos dos años, no había faltado mas de dos días seguidos a la empresa. Fueron los días mas difíciles de la vida de Ignacio, solo comparables con la pérdida de sus dos padres y su perro en un accidente en la ruta. Por intermedio de algunos contactos, gastando todos sus ahorros, y sacando un crédito personal a quince años, logró irse una semana a Estados Unidos para poder comprar el lujoso modelo de celular. Nunca tuvo que soportar tanta miseria luego de ese viaje; pero había conseguido no ser superado; sin embargo al poco tiempo a Ramiro le robaron el celular; se sintió la persona mas feliz del mundo al confirmar que de toda la gente que conocía él era el único que tenía el último modelo. La alegría duró solo una semana;  hasta el día que Ramiro entró a la oficina con el nuevo M- 8000.

 

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