CRONICA DE UN SABADO PERDIDO, O NO

 

¿Qué tienen que ver Osvaldo Pugliese, Rodolfo Walsh, Angel Cappa, Enrique Medina, Hebbe de Bonnafini y Enrique Pinti? Muchos podrán esgrimir sus argumentos, y seguramente tienen más de un punto en común. El mío es muy personal, estos personajes me acompañaron durante 17 horas de un día en el que me tocó sufrir una de mis habituales migrañas.

Salgo de mi casa aquel sábado a las dos de la tarde; Subte línea B y ya me alejo más del cielo, pero al bajar a la estación Malabia, hace unos años bautizada Pugliese, ese alejamiento del cielo me acerca más al alma de Don Osvaldo. Bajo en Callao, y me dirijo a uno de los únicos cines de Buenos Aires que se sigue pareciendo a un verdadero cine; situado a dos cuadras del Congreso de la Nación. Entro a ver una película sobre la figura de Walsh; cuenta su dura infancia en el orfanato, sus contradicciones, su pensamiento antiperonista y su cambio de percepción de esas ideas luego de la Revolución Libertadora del 55 y de los fusilamientos del 56, que lo llevaron a su investigación para escribir “Operación Masacre”. Me llevo como conclusión sus propias palabras acerca de que, si la historia argentina de debatía entre explotadores y explotados, y el peronismo siempre estaba del lado de estos últimos, el mismo se consideraba peronista.

Salgo del cine y camino por Callao hasta el bar “La Academia”, me siento junto a la ventana “guillotina”, tomo un café mientras veo pasar la gente en un sábado que empieza a atardecer, mientras la zona céntrica empieza a prender sus luces y a agitarse. Me alegra ver un afiche que anuncia que hoy a hay velada de boxeo en el Luna Park; ver los techos amarillos de los taxis avanzando por la avenida, los carteles luminosos, el billar frente a mi mesa, hacen que uno reivindique su alma de porteño.

La migraña comienza su avance lentamente, empieza como una molestia en la nuca y luego va tomando toda la cabeza; tomo un analgésico, pido otro café, un hombre mayor, vestido con un traje de hace muchos años se acerca a la ventana y me dice que es esquizofrénico, me muestra un envase de medicamento y me pide si lo puedo ayudar a comprar su remedio; no sé si era verdad, pero me pareció un buen argumento para un hombre de esa edad, y víctima de esta ciudad, le di algo que quizás le alcanzaba para comprar una botella de vino barato, para su pena le conceda una tregua.

Vuelvo a mi a casa cuándo ya es la noche, era el peor momento de la migraña, no iba a poder ver por televisión las peleas de esa noche en el Luna Park, apenas iba a poder prender mi vieja radio “Spika”, y con la luz apagada, dejar morir el sábado, el día ya estaba perdido. En el dial sintonicé la primera estación de am de la izquierda, que no estaba en esa posición por casualidad. La escuché hablar a Hebe de Bonafini; quien puede animarse a cuestionar a una mujer que perdió a su hijo en manos de los nefastos militares, que fue la que tuvo el valor para ir a enfrentarlos a la plaza, soportando que la repriman, mientras todos los demás se escondían o se iban.

Más tarde, y ya entrando en el sueño que daría un alivio a mi migraña, escuche en esa misma radio una entrevista a Enrique Medina, y mientras adormilaba, por mi cabeza pasaba el recuerdo “Las Tumbas” aquella gran novela sobre la penosa vida en el orfanato; como la que tuvo que soportar Rodolfo Walsh, un claro ejemplo de una sociedad injusta en dónde claramente los únicos privilegiados no eran los niños. 

Dormí unas dos horas, me desperté, ya estaba cediendo el dolor, giré el dial a la derecha, aunque la sintonía seguía a la izquierda, porque escuché un reportaje a Angel Cappa, en el que hablaba acerca de la corrupción en el futbol, y contaba su historia de compromiso durante los años setenta, que lo llevaron a tener que exilarse para no ser otro desaparecido más.

Volví a dormir, con la “Spika” que me seguía susurrando al oído, y me desperté a las seis de la mañana con la noticia del fallecimiento de Enrique Pinti; una voz nacional que contó, cómo solo Tato Bores podía hacerlo sobre todas las contradicciones y padecimientos de nuestro país.

Todos estos personajes se relacionan, todos me acompañaron en mi largo y tortuoso sábado migrañoso, y de alguna manera hicieron que no sea un sábado perdido.

  

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