LA GRAN PIEDRA

 

Haber dejado todo para emprender esta travesía fue la mejor decisión. Ya no era útil seguir corriendo detrás de objetivos tan mundanos y burgueses. Mis hijos me entendieron, es decir, lo aceptaron; no se si me dieron la razón, o simplemente sintieron lástima por mí, y no opusieron resistencia. Es verdad que ya no me necesitan, al contrario, a medida que pasa el tiempo, soy yo el necesita mas de ellos.

Los primeros kilómetros por el estrecho sendero los disfruté de sobremanera; el cielo claro, el aire n que se iba tornando cada vez mas fresco y ese sonido que iba desde el profundo silencio hasta los mas sorprendentes sonidos que produce la naturaleza. Seguí caminando y vi venir a un lugareño que bajaba, seguramente era alguien que vivía en alguna de las pocas casas que hay en la montaña y se dirigía a trabajar o hacer alguna compra al pueblo; podría estar yendo o viniendo de muchos lugares, y con algún otro fín del que yo me aventuraba a suponer, pero como hombre de ciudad y moderno, con una mente inquieta y ansiosa que siempre necesita de respuestas rápidas, traté de resolver por mi mismo el porqué de su presencia en el sendero de la montaña. Y también como buen ejemplo de habitante de ciudad, no pude resistir la tentación de preguntarle, una vez que se cruzaba conmigo; si faltaba mucho por llegar a la Gran Piedra:

-        ¿La gran piedra? – me preguntó como sorprendido, y luego de un instante de silencio continuó- en realidad no se sabe bien en dónde está esa Gran Piedra de las que todos hablan, dicen que de aca son unos quince quilómetros, pero ya muchos como usted intentaron llegar, y todos volvieron sin haberla visto.

-        Pero existe esa Gran Piedra, yo lo he visto en muchos libros y fotos; según lo que dicen esa Gran Piedra es el lugar en dónde uno entiende muchas de las cosas que no puede llegar a comprender a lo largo de toda la vida.

-        Si…..  -el lugareño me miró con pena- si ustedes creen eso….

Lo saludé y continué caminando, a lo largo del camino mis pensamientos fueron calmándose, ya dejaban de atormentarme, simplemente venían y se iban sin dejar ninguna preocupación. Es verdad que me sentía mas cansado, pero solo era cansancio físico; mentalmente mi energía iba inversamente proporcional a la fatiga física. No me preocupaba que ya hayan pasado mas de quince quilómetros y que no pueda llegar a ver la Gran Piedra. Por las imágenes que pude ver en fotos, era imposible no reconocerla. Vi bajar un niño con un burro; cuándo me encontré con el estuve a punto de preguntarle cuanto me faltaba para encontrarla, pero solo lo saludé y le sonreí. Ya no me molestaba que haya caminado tanto y no poder llegar a ella. Mi mente, que siempre fue mi principal enemiga y no hizo otra cosa que hostigarme durante toda la vida, estaba tranquila. Me ayudaba en mi caminata; me dejaba disfrutar del paisaje sin interrumpirme con sus planteos, sus miedos y esa culpa que siempre me hacía sentir.

Me detuve en un arroyo y me acordé que en mi mochila llevaba un sanguche, todavía tenía agua fresca en el termo; me senté en una piedra al lado del agua y solo me dedique a disfrutar de mi alimento. No me dí cuenta; a unos pocos metros había otro hombre, parecido a mi; sin duda no era un habitante de estas tierras; me miró y me sonrió. Me preguntaba que andaba haciendo por acá. Le conté que había dejado la ciudad, que no tenía ninguna intención de volver; ya me había jubilado de mi trabajo y mis hijos ya eran grandes; le conte muchas de las cosas que hicieron que haya dejado todo atrás. El hombre entendió todo y me dijo:

-        No se preocupe por la Gran Piedra; en algún lugar debe estar; yo también vine en su búsqueda pero nunca la pude ver. De todas formas los dos ya la encontramos, ahora solo hay que dejarla, es todo lo que necesitamos para poder llegar libres al final del camino.

Comentarios

  1. Me gustó mucho tu cuento Mariano, la metáfora de la Gran piedra es buenísima, todos la buscamos, y como la utopía, nos ayuda a avanzar.

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