EXTREMO IZQUIERDO

 

-Los hombres son mezquinos, individualistas y egoístas por naturaleza. Afirmó Ramiro, mientras hacia jueguito con la pelota en la mitad de la cancha, durante el entrenamiento matutino del club de Saavedra. Enseguida se corrigió: -Bueno, no se si por naturaleza, cuando uno nace no tiene muchas posibilidades de mostrar su verdadera cara, un bebe no habla, aunque ya manifiesta cierto egoísmo; pero cuando crece y se desarrolla en esta sociedad capitalista, consumista y competitiva, se convierte en un ser mezquino, individualista y egoísta. El panza Garcia lo miraba con los brazos cruzados y hacia un esfuerzo para tratar de entender que es lo que quiso decir. Garcia lo admiraba a Ramiro; no entendia ni una sola palabra de lo que decía, pero lo escuchaba y trataba de recordar lo que decía para después preguntárselo a la esposa que estaba cursando el secundario de adultos y para el panza era todo un orgullo contar con tal eminencia. En cambio el Flaco Altamirano, el 9 del equipo siempre lo interrumpia y le decía: -Dale….deja de hablar comunista! Tenemos que estar al 100% para el partido del sábado y vos venis con esos discursos!....ademas no se que tiene que ver lo que decis si estamos hablando de futbol; yo lo único que dije es que el tano es un morfon, nunca la pasa porque se quiere lucir el, te digo que no le importa ganar ni ascender ni nada mas que ser el goleador del torneo. Ramiro venía de una familia clase media de la ciudad; hincha fanático de Platense desde chico. Siempre decía que su primer recuerdo; era el de un anochecer de sábado, en el cual su padre lo llevaba a upa, a la calesita del parque, y mientras lo llevaba le cantaba canciones de hinchada: ….-soy del puente Saavedra….yo soy calamar…...- esa era la que recordaba. Y ya de chico tenia sus principios de solidaridad y justicia social: -Es injusta la calesita, los que tienen brazos mas largos son los que tienen mas posibilidades de agarrar la sortija. Los mas altos siempre tienen ventaja en todo. El padre lo escuchaba y trataba de calmarlo diciendole que tenga paciencia, que a la larga las cosas siempre tienden al equilibrio. Pero Ramiro ya se estaba cansando de ese mundo en el que los chicos son corrompidos por sus padres desde que tienen 7 años, exigiendoles y tratando de volcar sus propias frustraciones, de los entrenadores, que los miden como si fueran frutas para ver si estan verdes, maduras o pasadas, de los direigentes que no les preocupan lo que piensan, ni como se sienten mientras sean efectivos para el equipo, de los periodistas, que van desde las críticas mas impiadosas hasta los halagos desmedidos de acuerdo a las actuaciones mas o menos buenas o mas o menos malas. Y hasta de los hinchas, aunque enojarse con ellos era lo que mas les costaba, sabía que sufrían cuando perdía el equipo, pero también estaba seguro de que no les pasaba nada cuándo veían chicos pidiendo en la calle, o gente que perdía sus trabajos, o hasta algunos que ni siquiera se angustiaban un poco cuando tenían algún familiar enfermo, pero que no dormían cuándo perdía su equipo. Cúando llego al día siguiente al entrenamiento se enteró de la noticia; su club había aceptado, por una suma importante de dinero, ser el sponsor de una empresa multinacional que hace unos años se habia fusionado, y tras unas turbias negociaciones había dejado a mas de 500 empleados sin trabajo. En su camiseta número 7, el domingo del partido iba figurar el nombre de la empresa; y por supuesto, Ramiro no estaba dispuesto a aceptar. Al final la práctica, reunió a todos lso jugadores, hablo mas de media hora sin parar, algunos ni lo miraban, otros ni lo escuchaban. Poco a poco noto el poco apoyo, dejó de hablar y se fue camino al vestuario. Faltó a la siguiente práctica, la del viernes, última antes del partido. Los que lo conocen dicen que no hablo por dos dias, que estuvo muy raro, ni siquiera hablo con su familia. El domingo del partido, llegó, miró la camiseta con asco y se la puso. Salió a la cancha y no levantó la cabeza para mi mirar a sus hinchas ni siquiera cuándo coreaban su nombre. Al empezar el partido cuándo movía su equipó ya era costumbre que el flaco Altamirano se la pase a él; y asi fué, solo que esta vez, Ramiro comenzo a correr con la pelota en contra se su propio arco, ante al mirada atónita de todos los jugadores, que se quedaron parado al ver esa acción. Cuándo llego a su arco, el arquero creyó que se la iba a pasar para que la revolee arriba, en vez de esto Ramiro pateó con furia hacia la red y gritó su propio gol en contra con toda la furia; luego comenzo a reirse, se sacó la camiseta, la tiró al piso, y se fue del estadio solo y sin haber pasado por el vestuario; ese fue su último partido.

 

 

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