EL BAR Y LAS BOMBAS
Dante
a los 10 años ya sentía algo especial por esas nochecitas de sábado. La tarde
la había pasado en el parque, la pelota en el potrero, y luego la merienda, el
baño, vestirse bien, sin saber y sin quererlo, porque a esa edad para los
chicos del barrio la única indumentaria importante eran los pantaloncitos
cortos, los botines y la camiseta de su equipo, esas camisetas de tela gruesa,
resistente a todo tipo de tironeo; con los colores bien intensos; ya Dante
sabia que esa banda roja, bien roja y bien ancha era la única ropa que le
importaba, porque el blanco debía ser bien blanco y así podía brillar mas esa
banda roja, bien roja. Y lo que la hacia única y que le daba todo el valor que
no tenia ninguna otra prenda era ese escudo, que dibujaba en todos lados; si el
escudo era el corazón expuesto sobre su pecho. Algo que lo enorgullecía mucho
mas que la escarapela sobre el delantal en los actos patrios del colegio.
Y
con la ropa de sábado a la noche, quizás un jean que usaba solo para los
cumpleaños y una remera llamativa que le habría regalado una tía o una abuela
para el día del niño, salía con su padre cuando el sol del sábado ya se había
ido a dormir y la luna se lustraba su platinado cuerpo.
Pero
resulto ser que esta iba a ser una noche especial, se terminaba la década del
80 y Argentina venia teniendo un litigio con Chile por tres islas que estaban
en el límite de ambos países. En los dos países ya hacia unos años que
gobernaban dictaduras, militares nefastos, hombres para los cuales, la vida de
los seres humanos, importaban muy poco, sino eran del tipo de individuos que
ellos creían útiles a la sociedad, adiestrados a esa lógica servil, sumisa y
adaptados a ese sistema inhumano en dónde los intereses de los poderosos eran
mas importante que las necesidades básicas del resto del pueblo.
Dante,
con su corta edad no entendía bien lo que pasaba, le llamaba la atención que
cada vez que ese hombre con bigotes aparecía hablando por los cinco únicos
canales que había en aquellos viejos televisores blanco y negro, su padre se
enojaba puteaba, y su humor cambiaba por el resto del día.
A
veces también había discusiones en alguna reunión familiar en la que uno de los
abuelos le recriminaba a su padre, militante peronista, que estos militares
habían venido a poner orden, y que la culpa de todos nuestros males la tenia un
tal Perón.
Pero
volviendo a esa noche de sábado, mientras su padre caminaba por las calles cada
vez mas oscuras de parque Patricios, le contaba a Dante que esa noche las
autoridades habían programado un simulacro de bombardeo, el mismo consistía en
un apagón general de todas las luces de la ciudad, para dificultarle las cosas
a los aviones chilenos en caso de un ataque aéreo sobre la ciudad de Buenos
Aires.
Ya
llegando al bar donde su padre iba a tomar su aperitivo con frecuencia, se
escuchaba la voz ronca de aquel canillita de baja estatura; un hombre de
mediana edad que parecía mayor, de rulos y con una voz gastada, gritando:
“La quinta de la Razón, Crónica, diarios.... "Y lo primero que hacia el
padre de Dante era comprar la quinta de la Razón, ese diario tabloide de
grandes páginas, que había que tener una buena técnica para doblarlo en varios
pliegues para poder leer los artículos ahí escritos.
Dante
entraba y se acomodaba en la mesa mas cercana a la barra, su padre, siempre se
paraba en la barra pedía su aperitivo, casi siempre un Gancia puro, y para su
hijo una coca que siempre venia acompañada de unos palitos salados. El diario
quedaba en manos del niño, ya que el padre se ponía a conversar con la gente
del bar sobre Futbol, tango, política y todos esos temas que se acostumbran a
hablar en un cafetín porteño con gente que uno ya conoce u otras personas que
uno ve por primera vez.
Dante,
mientras tomaba su coca, empezaba a hojear el diario, siempre desde la última
página; primero las pequeñas historietas de la contratapa, y luego lo mas
importante; la formación de River para el partido del domingo , con los nombres
que ya conocía de memoria, de tanto escuchar las transmisiones de los partidos
por radio. Fillol, Saporiti, Pavoni, Pasarella, Hector Lopez; JJ Lopez, Merlo y
Alonso; Pedro Gonzalez, Luque, Comiso. DT. Labruna. Entonces se quedaba
tranquilo, era el equipo que mas conocía y estaban los 11 del póster que tenia
pegado en su habitación, en la pared detrás de su cama.
Esa
misma noche se jugaba el partido entre Huracán y Talleres; era el partido
adelantado de la fecha, el partido se jugaba en la provincia de Córdoba. Si
Huracán ganaba quedaba puntero faltando una fecha para que termine el
campeonato. Dante ya había pasado de las historietas de la contratapa y de los
deportes a lo que para el era el postre de ese tabloide de papel; el juego de
los siete errores; para eso su padre; le pedía una birome al mozo para que
Dante comience lo que para el era el desafío intelectual mas importante de sus
tiempo, inclusive mas importante que esos tediosos problemas de matemática que
tanto le costaban y que además no disfrutaba de resolverlos. Pero ahora la cosa
era mas simple; dos recuadros pegados uno al lado del otro con un dibujo cada
uno que a simple vista parecían iguales, pero que tenían 7 pequeños detalles
diferentes, los cuales el jugador debía marcarlos (Dante prefería encerrarlos
en un pequeño circulo; aunque sabia de otros aficionados que se inclinaban por
marcar con una cruz). Y al cabo de un tiempo, mientras ya redondeaba la quinta
diferencia, se escucho la voz ronca del canillita que gritaba “ Diarios!!, La
Razón, Crónica, …..último momento!!! Es inminente un ataque aéreo de Chile
sobre Buenos Aires!!!!!.....
Todos
los que estaban en el bar se comenzaron a inquietar. Dante escuchaba el diálogo
de su padre con el mozo, mientras decidía si en el zapato del personaje del
dibujo había una diferencia de color con respecto al otro dibujo o si solo era
un tema de impresión del diario….
- Parece
que se esta complicando- dijo el papa de Dante
- Entonces
si bombardean hoy, ya no va a ser un simulacro sino algo real-contestó el mozo,
mientras se empezaba a poner nervioso y se notaba en el temblequeo de su
bandeja mientras le llevaba un wiski doble al hombre junto a la ventana.
Mientras
Dante redondeaba el zapato, ya que lo último que escucho lo puso ansioso y
decidió que había que terminar rápido el juego de las diferencias, se escucho
una explosión que dejo sin palabras a todos los que estaban dentro del bar. Al
mismo tiempo del estruendo se corto la luz. El dueño del bar, que estaba
pálido, salió de la barra apurado, mientras exclamaba.
- Todos al
sótano!, ahí vamos a estar seguros.
El
padre de Dante tomo a su hijo de la mano y siguió al mozo, que de los nervios
tiró la bandeja y se apresuró abrir la tapa de madera que estaba en el piso y
que conducía al viejo sótano del lugar.
Las
explosiones se empezaron a escuchar cada vez mas fuertes y
mas cercanas. Los cuatro hombres que habitaban el bar, mas Dante
comenzaron a bajar las escaleras siguiendo al dueño, que había prendido una
vela e iluminaba la entrada al improvisado refugio.
Una
vez adentro se quedaron sentados sobre unas cajas de gaseosas que hacían de
banquetas. El primero que habló fue el papa de Dante, que sintió la necesidad
de que su hijo no se asustara mas de lo que ya estaba:
- Acá no
nos va a pasar nada, solo hay que esperar- lo miro a Dante y le hablo a el – y
en casa tu mama y tu hermano ya deben estar en el subsuelo, así que tranquilo
que a ellos no les va a pasar nada malo.
Dante,
con sus 10 años, quería demostrar valentía, estaba a punto de llorar, y para
que no lo noten los demás, abrió el diario que seguía en su poder, e inclinó su
cabeza sobre la página en donde estaba su juego de las diferencias y se quedó
mirando fijo el dibujo, haciéndose el que no le afectaba lo que pasaba afuera.
-En
el 55 yo estaba en la plaza -dijo el dueño del bar- y eso si que fue un
bombardeo, pero mucho peor, porque en ese momento eran los milicos nuestros que
estaban bombardeando a su propio pueblo, esos si que eran verdaderos traidores.
De
ese comentario derivó una charla sobre lo que había pasado en aquella vez;
había que hablar de algo aunque sea para pasar este mal momento. Luego el
hombre que antes estaba sentado junto a la ventana quiso cambiar
el tema y preguntó como habrá salido el partido, argumentó que era
fanático de huracán, pero se ponía muy nervioso si escuchaba el partido, y que
se había tomado por costumbre ir al bar a tomarse un escoces mientras se jugaba
el partido, además lo utilizaba como cábala.
Había
pasado ya una hora sin que se escuche ninguna explosión. Dante se había quedado
dormido sin descubrir la séptima y triunfal diferencia. Los hombres hablaron
entre ellos y luego de un intercambio de opiniones decidieron salir del sótano.
La luz había vuelto. Todo parecía estar en calma. Mientras todos miraban lo que
pasaba tras las ventanas, Dante caminaba ya despierto sin entender bien lo que
había pasado. El dueño del bar fue hacia la puerta y levantó la persiana, que
había cerrado antes de bajar al sótano, todos se dirigieron con mucha
precaución a la vereda; el canillita que se había quedado afuera se acercó al
encuentro de los cuatro hombres y con su voz mas ronca que nunca y los pocos
diarios que le quedaban le preguntó al dueño del bar porque había bajado la
persiana. El hombre, sintiéndose un poco culpable le contestó: - Mire para
todos lados para decirte que vengas adentro para refugiarte de las bombas pero
no te vi
- ¿bombas?
-Preguntó el canillita, y continuó:
- -Si,
eran bombas de estruendo, no es bueno que festejen antes de tiempo ya se
sienten campeones los de huracán.
Todos
se quedaron sin palabras, se miraron entre ellos, el primero en reírse fue el
hombre del wiski, aliviado mas por el triunfo quemero que por la posibilidad de
un bombardeo. El mozo tiro una puteada. El dueño del bar bajó la mirada, y se
metió rápido en el bar. El papá de Dante saludó a todos, tomó de la mano a su
hijo y comenzó a caminar por Caseros. Dante caminaba pensando con el dibujo en
su mente cual podía ser la última diferencia. En todo caso al llegar a su casa
se iba a resignar e iba a mirar la solución al pie de la pagina. Al lado de
ellos paso un Peugeot 404 con la bandera de huracán tocando bocina y con sus
integrantes gritando dale globo. Esa noche, el simulacro ya había terminado, y
en Córdoba Huracán había ganado 2 a 0. Con solo empatar de local la próxima
fecha sería el nuevo campeón.
Muy bien Mariano !
ResponderEliminar👏👏👏👏👏
ResponderEliminar👏👏👏👏👏👏👏
ResponderEliminarMuy bueno 👌!
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