EL ARQUERO
El problema que siempre tuvo Martín es que no
soportaba estar solo. Cuándo era chico andaba siempre acompañado de su perro
Tobi. Iba con él a todos lados a dónde lo podía llevar. De esa forma si salía a
la calle y no encontraba a ninguno de los chicos de la barra, se aseguraba
siempre la compañía de alguien mas; y la de su mascota era para él una de sus
mejores compañías. Para Tobi, Martín era imprescindible; en la familia eran 7,
contando a sus dos padres y sus 4 hermanos, pero Tobi tenía bien claro quien era
su dueño y su fiel amigo, y ese era Martín; es por eso que cuándo no podía
estar con él, se la pasaba gimiendo. Eso hacía que el resto de la familia
muchas veces no soporte los sollozos del canino, y no hacían otra cosa que
reclamarle a Martín que siempre se esté haciendo cargo del cuidado del perro.
Le tenía un cariño mas intenso de lo normal a
Tobi; se preocupaba mas por el que por cualquier integrante de su familia; es
por eso que cuándo se iba a jugar a la pelota con los amigos del barrio, lo
llevaba con él; sabía que en la casa lo cuidaban bien pero tambíen estaba
seguro que Tobi solo se iba a sentir realmente bien cuando estaba a su lado.
A Martín le gustaba jugar arriba, tenía un gran
olfato goleadaor, y el creía que ese atributo de su sentido del olfato lo era
producto de estar mucho en companía de su mascota. El problema era que cuando
empezaban a jugar, el perro se metía en la cancha a correr como si fuera una
mas; y si bién, en muchas oportunidades tenía mas reacción que mucho de los
chicos que se esforzaban por jugar bien, era realmente una molestia para todos;
esta situación incómoda se la reprochaban a Martín, este argumentaba, sin ni
siquiera creerlo él mismo, que había que hacer de cuenta como que no existía, y
que al ratitio se iba a quedar quieto como un espectador de lujo (él único) en
al gun lateral de la improvisada cancha. Pero nada de esto pasaba, el pobre
perro seguía corriendo como un desaforado detras de la pelota; y los chicos se
fastidiaban cada vez mas.
- Asi no se puede jugar -dijo el gordo enojado,
mientras tomaba la pelota con la mano y susepndia el partido- atalo o dejalo en
tu casa.
Los demas acompañaron en el reaclamo y a Martín
no le quedó otra alternativa que atarla al poste de luz que a su vez, hacía de
uno de los palos en el que atajaba el arquero de su equipo. La solución solo
duró unos minutos; al principio Tobi se quedó mirando; pero siempre buscando a
lo lejos a su dueño, que encima se movía siempre cerca del arco rival; y era de
los típicos delanteros que nunca retrocedían para ayudar un poco con la marca
cuándo la pelota la tenían los contrarios
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